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BEMOLES

Jóvenes alumnos de la famosa escuela Juilliard de Nueva York, la mayoría de ellos coreanos se juntan desde hace tres años por el simple gusto de hacer música de cámara y conforman la orquesta de cámara que ellos bautizan Correlliard. Son invitados al Festival de Arte de Cali y llegan el martes 9 de mayo a la Sala Beethoven para ofrecer una presentación que probablemente no olvidarán. El total de asistentes no superaba las 40 personas. Las causas? Cambio de horario, exceso de programas musicales el mismo día (la orquesta de Cámara del Valle en la Fes y la pianista Leila Cobo en el Teatro Municipal), o será que a los melómanos también les gusta el aroma de café por televisión?

16 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Para completar, !no se repartieron programas! Sin embargo, el director no se amilanó, invitó a los asistentes a acercarse a la orquesta y además de presentar el programa con la ayuda de un intérprete, lo complementó con comentarios acertados sobre las épocas o los compositores de cada una de las obras.

Se creó así un ambiente casi íntimo que logró un buen efecto en la audiencia.

Con la conocida pequeña serenata nocturna k525 se inició el concierto e inmediatamente después, el también popular concierto en Re Menor para dos violines y orquesta de cuerdas de J.S. Bach en la cual la concertino del grupo, que se distinguió fácilmente como buena intérprete y líder indiscutible del grupo, estuvo acompañada por el primer atril de los segundos violines; ofrecieron una interpretación limpia de esta bella obra.

Sin duda la segunda parte fue más novedosa e interesante. Un arreglo de Ottorino Respighi de la Chacona de Tomaso Vitali, compositor nacido en el siglo XVII, escrita originalmente para violín y clavecín, permitió al público disfrutar de una interpretación con mucho sentimiento de otro de los jóvenes asiáticos del grupo de los segundos violines.

Saltando doscientos años, el grupo presenta un concierto grosso para cuerdas del compositor inglés Edward Elgar, probablemente la composición más interesante del programa, en la cual se destacaron la sonoridad del conjunto, característica que se había observado a lo largo de toda la audición y nuevamente la musicalidad de la concertina.

El autor (cuyo nombre, como el de los otros intérpretes quedó en el anonimato por el percance con los programas) mostró un estilo sencillo y hasta cierto punto descomplicado, que le mereció largos aplausos. En resumen, un grupo joven en formación con una gran vitalidad musical.