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CALCO-MANÍA

Después de Café , un nuevo furor se ha apoderado de Bogotá. Como maniáticos, los residentes de la ciudad se han volcado a hacer largas colas en la Secretaría de Tránsito. Y no era para menos. Llegaron las calcomanías!

16 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Llegaron las calcomanías? Sí. Esos pequeños adhesivos que, sin saber bien para qué, coleccionamos en los parabrisas de nuestros carros, finalmente fueron producidos y se encuentran listos para ser entregados a los ciudadanos en una demostración de gran eficiencia estatal. (Cualquiera que haya mandado a hacer calcomanías sabe de las enormes dificultades que ello conlleva).

Pero igual que en la telenovela que mantuvo la atención del país por más de año y medio, el gobierno no iba a ser tan bobo como para generar toda la expectativa, y luego desenredar el ovillo en un sólo capítulo. Por eso no hizo lo obvio, que era enviarle la calcomanía a la casa a cada ciudadano que ya había hecho todo el trámite. En su lugar, al mejor estilo Mockusista, decidió inventar un juego ciudadano para acrecentar la expectativa.

Primero, centralizó la entrega de calcomanías. Segundo, no incluyó en pantalla a muchos de los que ya habían realizado la revisión y pagado sus impuestos. Y tercero, amenizaron la estadía en el tránsito con daños en los equipos y caídas del sistema. Así, cuando por fin se logra obtener la calcomanía, se luce con verdadero orgullo.

Como si este caos no fuera suficiente, la Secretaría de Tránsito anuncia que las colas, para sacar los revisados, los pases o las placas, no desaparecerán, pues en sus propias palabras, no poseen ni la infraestructura, ni las pantallas, ni el personal para evacuar a toda la gente que viene .

Todo ello, que no es nuevo, ha convertido a la Secretaría de Tránsito en la meca de los tramitadores, personajes estos que en el lenguaje del Alcalde personifican la odiada cultura del atajo . Cada día más y más bogotanos prefieren pagar a estos intermediarios con tal de recibir su calcomanía cómodamente sentados en sus casas u oficinas sin tener que hacer colas, y lo que es más grave, sin necesidad de revisar su vehículo. Centralizar los papeleos y la revisión, como pretende ahora la Secretaría, sólo aumenta la probabilidad de que se mejore el negocio de los tramitadores, especialmente cuando se parte de reconocer que las colas no se van a acabar.

Lo cual indica que se requieren soluciones más de fondo. La más obvia, es reconocer que el revisado es una completa farsa y que las autoridades locales no tienen ni los mecanismos ni la capacidad para hacer cumplir la ley, cosa que se comprueba fácilmente saliendo cinco minutos a cualquier calle de la ciudad en dónde se ven pasar caravanas de buses y carros viejos con flamante revisado.

Tampoco el gobierno nacional ayuda. El último decreto del Ministerio de Transporte que autoriza a buses de más de veinte años a seguir prestando el servicio, se convertirá en una nueva pesadilla para las autoridades locales, encargadas de revisarlos.

Lo lógico sería concentrar la revisión mecánica en los vehículos de servicio público, y que los automóviles particulares se revisen, por ejemplo, cada cuatro años, al menos durante sus primeros ocho años de vida, como ya se hace en muchos otros países.

Ello requeriría un proyecto de ley para modificar el trámite del revisado. Si el Alcalde no lo solicita, ni el Ministerio de Transporte o los congresistas lo proponen, aún queda el mecanismo de la iniciativa popular. Por favor, antes de que nos enloquezca la calco-manía.