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DE GABRIELA MISTRAL Y OTRAS ESCRITORAS CHILENAS

Hace cincuenta años, en 1945, el Premio Nobel de Literatura, la mayor distinción en este campo del arte, fue discernido por vez primera a un escritor latinoamericano. Gabriela Mistral (1889-1957), la gran poeta chilena, resultó ser la distinguida en esa ocasión memorable en que la Academia Sueca comenzó a prestar atención a los literatos de la América mestiza.

16 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

No obstante, pasaron más de veinte años para que otro latinoamericano, el novelista guatemalteco Miguel Angel Asturias, recibiera en 1967 el mismo Premio. Luego el ritmo se fue acelerando: en 1971, Pablo Neruda, en 1982 Gabriel García Márquez, en 1990 Octavio Paz. Pero si esta serie de distinciones significaba por cierto que se reconocía, aunque algo tardíamente, la espléndida calidad de nuestra literatura, tal reconocimiento no llegó injustamente para otros escritores con méritos más que suficientes para recibirlo, como Alejo Carpentier y Jorge Luis Borges por citar dos de los casos más claros.

Gabriela Mistral es -qué duda cabe- una de las voces mayores de la poesía en lengua española. Libros como Desolación (1922), Tala (1938), Lagar (1954) son hitos luminosos en el itinerario de la poesía latinoamericana. Sin embargo y absurdamente, en décadas recientes, el nombre de Gabriela cayó en cierto olvido al impulso de modas volanderas o novedades no siempre calificadas.

Esta situación ha cambiado en los últimos años. Con motivo del centenario de su nacimiento, y aún antes, el interés de poetas, críticos y lectores se ha reavivado. Uno de los agentes desencadenantes de este renacimiento de la Mistral es sin duda el poeta Jaime Quezada quien en los últimos años ha publicado varios estudios y ha editado la poesía completa así como gran parte de la prosa en un libro, Escritos políticos (1994), que completa la imagen admirable de la poeta.

Otra figura chilena que en los últimos tiempos ha suscitado renovado interés por su obra, es María Luisa Bombal (1910- 1983), autora de las novelas La última niebla (1935) y La amortajada (1938). No sólo se han reeditado sus libros sino que en los ochenta han aparecido una serie de importantes e iluminadores estudios. El más reciente, planteado con solvencia y originalidad, desde la perspectiva de la filosofía y el psicoanálisis, es La dulce niebla, de la destacada filósofa chilena Susana Munnich, admirable por la pertinencia y novedad de las hipótesis que formula y por el delicado y sagaz trabajo interpretativo que desarrolla.

Estudios latinoamericanos Un tercer tema chileno cierra esta nota deliberadamente heterogénea. Sabido es que decenas de centros de estudios latinoamericanos existen desde hace años en Europa y Estados Unidos. Sin embargo, los propios latinoamericanos no nos estudiamos a nosotros mismos: casi no existen centros de estudios latinoamericanos en la región. La Universidad de Chile, que fundara Andrés Bello, intenta poner fin a esta situación por medio de la creación de un Magister de Estudios Latinoamericanos cuyo Claustro se instaló en enero, debiendo comenzar las clases el próximo septiembre. La idea central del proyecto -que dirige el Profesor Jorge Guzmán- es explorar la identidad y diferencia latinoamericanas pero desde una perspectiva auténticamente latinoamericana.