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ELECCIONES GENERADORAS DE CRISIS

En teoría, las elecciones son oportunidades para superar conflictos, para encontrar salidas difíciles, para identificar opciones y legitimarlas con el apoyo popular.

15 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Un distinguido especialista en política colombiana ha elaborado una serie de postulados para identificar factores que hacen que las elecciones, más que resolver crisis las generen. Para ello se basa en la experiencia de República Dominicana, país que ha estudiado durante varios años. Se trata del profesor J. Hartlyn.

1). Las elecciones generan crisis porque la Presidencia es un premio demasiado grande.

2). Las elecciones generan crisis porque existen temores legítimos de que la continuidad en el poder estaría asociada con el fraude.

3). Las elecciones generan crisis porque las agencias de vigilancia electoral son muy débiles.

En Colombia se puede controvertir la validez de estas formulaciones. Pero si hay algo bien claro, es que la debilidad de las agencias de vigilancia electoral es responsable por lo ocurrido en 1970 y ahora en 1994. Humberto de la Calle, en su condición de ex Registrador ha dicho públicamente que no ve cómo se habría podido realizar un fraude en 1970. En esa época, esa oficina ha debido hacer un estudio exhaustivo que no dejara la menor duda. Así, justa o injustamente (yo creo que injustamente), se ha mantenido una sospecha que jamás ha debido existir y que ahora, 25 años después, da lugar a un debate que, curiosamente, no se realizó durante un cuarto de siglo.

La propio ha ocurrido con la financiación de la última campaña electoral. Se alega, también, que no hubo limpieza . En este caso, en los dineros que beneficiaron las diferentes campañas en los distintos niveles. Y, obvio, las campañas presidenciales son objeto de la mayor duda, porque se sabe y nadie lo niega que los dineros de la droga trataron de financiarlas. Y, una vez más, falla el organismo encargado de vigilar los gastos electorales y el origen de los dineros. El Consejo Nacional Electoral no hizo su tarea. Esa omisión ha colocado a la dirigencia política bajo sospecha, justa o injustamente. En el caso de las campañas presidenciales y de las campañas del Congreso, alcaldes y gobernadores hay investigaciones de la Fiscalía. Lo aconsejable es aguardar sus resultados.

La debilidad de los organismos de vigilancia de la financiación política es requeteconocida en todo el mundo. No hay, pues, que insistir en más controles que, por estrictos que sean, no van a funcionar. No han funcionado. Esa es la verdad.

Lo fundamental es liberar a la dirigencia política de toda sospecha. En España, por ejemplo, se ha planteado que solamente los tesoreros respondan, cualquiera que sea el nivel territorial. A los tesoreros les correspondería la responsabilidad administrativa y penal. La dirección de las campañas tendría una responsabilidad política. Esta es la propuesta de la Comisión sobre financiación de partidos. En otros países se ha propuesto que las cuentas de un partido las examine su contendor. Con todo, la solidaridad interpartidista no está, tampoco, exenta de sospecha.

Todo esto para alabar la propuesta del presidente Samper de introducir una reforma sustancial en el incipiente y pobremente reglamentado (y peor vigilado) sistema de financiación de campañas. Es un problema universal, en permanente revisión, que ojalá encuentre en Colombia una respuesta que reconozca las graves peculiaridades que nos afectan. En todas partes se habla de la hipocresía de la actual legislación. En España, todos los grupos políticos admitieron irregularidades que alegaban no eran ilegalidades.

En Colombia, la Constitución del 91 permite una financiación estatal completa, crea instrumentos que no han sido desarrollados y remueve obstáculos que todavía persisten en Estados Unidos o Italia. Hagamos la tarea.F