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JUGUEMOS A QUE ÉRAMOS EL PROFESOR IDEAL

Cuántas veces deseamos ocupar el lugar de los profesores y tener a todo un curso conformado por ellos para hacerles pagar todas las que nos hicieron ?

15 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Cuántas veces no nos hubiera gustado tomar de una manera despiadada a un profesor que, teniendo el cuerpo en el salón de clase, viaja con su mente por los más maravillosos mundos de la imaginación... Qué delicia poder bombardearlo con una serie de preguntas que le causaran una crisis nerviosa momentánea! Alto a los sentimientos de venganza! Más bien, nos vamos a convertir por un ratico en un profe que piensa en el maestro ideal, a ver qué sale.

Para empezar, metámonos en las matemáticas; la jornada académica dura 9 meses (cuando Fecode no decreta paro), es decir, cerca de 275 días a los que hay que restar los festivos. Quedan 194 días. Si dictamos cinco horas de clase al día, tenemos que al año dictamos alrededor de 970 horas. Pero, por cada hora dictada, son dos de preparación y de corrección de tareas. Es decir, 388 horas más, para un gran total de 1.358 horas al año.

Como conclusión podemos sacar que el primer punto para ser un buen profesor es estar dispuestos a dedicar todo ese tiempo a nuestros alumnos.

En ocasiones los alumnos nos sacan de quicio y debemos tener una paciencia infinita. A veces es difícil no gritar, pero hay que evitarlo y, ante todo, no dárselas de malo y tampoco de chistoso si no se sabe serlo.

Las tareas son el mayor martirio de los estudiantes. Deben ser justas y adecuadas a la edad. Pilas: nuestra materia no es la única por la que alumno debe responder; no hay que colocar misiones imposibles ni sin verdadera importancia, como hacer el modelo de una célula en gelatina, o el mapa orográfico del Congo que tanto nos gusta. Hay que recordar el estudiante no es McGiver, que es capaz de hacer un reactor con cajas de fósforos.

A la hora de corregir las tareas, trabajos y previas tenemos, parémosle más bolas a la calidad que a la cantidad. Hay colegas para quienes una cuarta de escritura o 25 gramos de páginas equivalen a 2 puntos...

Hay que leer los escritos del alumno en su totalidad. Por puro respeto y porque así se les puede hacer una crítica constructiva. En materias como dibujo, música o educación física no se puede exigir por igual: es cuestión de aptitudes.

Usemos métodos novedosos de enseñanza como jugar con las matemáticas, utilizar modelos para ciencias -nunca abrir animales-, videos, libros y dictar clases en lugares distintos al salón, pero sin creerse el protagonista de La sociedad de los poetas muertos.

Tenemos un amigo, profesor de filosofía, que se cree un loco existencialista; otro de historia que asegura que cabalgó al lado de Bolívar; uno que dicta geografía que cuenta sus expediciones al Everest; otro de química que afirma que participa en el Festival Internacional de Magia haciendo cambiar compuestos de color...

Pero eso no es nada. Hay por ahí un profesor de español que cuando no se las da de bohemios, se cree periodista; otro de computadores que se cree el ingeniero de sistemas más calificado de la Nasa; uno de educación física que cuenta cómo ganó el triatlón Iron Men en Estados Unidos; otro de democracia que se considera uno de los honorables miembros de la comisión de ética del Congreso; unos cuantos de matemáticas y física a quienes Stephen Hawking consulta por teléfono y algunos de inglés que se creen asesores del presidente Clinton.

Tampoco hay que tirar a ofender a los alumnos, error muy frecuente en los profesores de educación física, que se la montan al gordito del salón, diciéndole: corre más un babosa en arequipe . O el geografía que al despistado que ubicó a la Sierra de la Macarena en San Andrés: está más perdido que el chulo del diluvio .

Ojo con usar la nota o la autoridad indebidamente. No hay que dejar que algunos alumnos nos la monten, pero no es bueno amenazarlos con enviarlos a rectoría o suspenderlos. Primero se debe hablar con ellos, hacerles ver su error y evitar ciertas ironías como: que le vaya bien señor ex alumno , va a tocar mandarlo a vacaciones desde ya .

A pesar de todo, nadie es perfecto y ser el profesor ideal no es nada fácil. Lo importante es cerciorarse de que nuestro alumnos aprendieron -no memorizaron- y, principalmente ser amigo, antes que profesores.