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HOMMES, EL ANARQUISTA

Es sin duda estimulante ver el entusiasmo que despierta el posible renacimiento del cine colombiano, a partir del éxito de La estrategia del caracol y de La gente de la universal. Entusiasmo que ha llevado a personas que normalmente se mantienen al margen del quehacer cultural, a expresar su propia interpretación del fenómeno.

14 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Pero hay conceptos que empiezan a hacer carrera, una carrera peligrosa, porque si se convierten en verdades, en vez de contribuir al desarrollo del cine colombiano, pueden conllevar a su estancamiento.

El ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes, por ejemplo, afirmó en su columna sabatina de EL TIEMPO: No deja de ser curioso que solamente después de la desaparición de Focine, cuando se desburocratizó el cine colombiano, principian a aparecer películas de buena calidad .

En realidad tampoco deja de ser curioso que esa desaparición haya ocurrido durante la gestión del ahora crítico de cine, bajo la filosofía de sacar al Estado de actividades que a su juicio no caben dentro de su ámbito de responsabilidades. Pero Hommes está equivocado.

A pesar de lo que el común de la gente cree, fue gracias al apoyo estatal, del colombiano y de otros estados, que las dos películas lograron realizarse y exhibirse.

La estrategia ganó el concurso de guiones que organizó Focine, y esto hizo posible conseguir no solo la financiación inicial de la película, sino la vinculación de la empresa privada para coproducirla.

Sin embargo, esos aportes no fueron suficientes y se hicieron necesarias nuevas gestiones para que con recursos de otro Estado, el francés, se culminara la película. En el caso de La gente de la universal, su guión ganó primero un concurso patrocinado por otro Estado, el cubano, y esto le permitió disponer de los recursos de un Estado más, el español, que a través de su empresa de televisión había dispuesto como premio.

Así es que no fue gracias al cierre de Focine que se produjeron las dos películas y mucho menos ese cierre provocó una avalancha de capitales para sustituir al Estado.

Ahora, es a todas luces ingenuo pensar que dos películas hacen una cinematografía, así como un árbol no hace un bosque.

Argumentos arbitrarios Y no se puede ser arbitrario al seleccionar los argumentos que le convienen a una política. Porque así como hay ministros para quienes la cultura sólo significa un renglón marginal del presupuesto oficial, hay estadistas que la miran con profundidad.

Francia acaba de librar una descomunal batalla frente a Estados Unidos, por mantener su derecho a subvencionar la cultura, y luego a condicionar su ingreso a los acuerdos del GATT por este motivo.

No era un capricho del gobierno francés sino el ejercicio de una filosofía: la geografía de una nación se extiende hasta donde llega su cultura.

No sobra decir que el cine europeo existe gracias a las subvenciones estatales, porque al igual que la justicia, la seguridad o la educación, la cultura no puede dejar de existir por el hecho de no ser rentable.

Otro criterio erróneo, derivado del sentimiento antiestatista, es creer que Focine no sirvió para nada distinto a despilfarrar los pírricos recursos que se le asignaron durante su existencia.

Debe ser cierto que sus fondos no se utilizaron con la eficiencia debida, como ocurre con todas las actividades que emprende el Estado y no solo en la cultura.

Pero es imposible desconocer que una gran parte de los técnicos, actores y guionistas que hoy trabajan en cine se formaron gracias a la labor de Focine.

El sector privado no estaba interesado en la industria del cine, en parte porque el costo de formar el personal técnico era demasiado alto y no resultaba atractivo asumir el riesgo sin contar siquiera con una infraestructura mínima.

Pretender que al Estado no le corresponda parte de la responsabilidad de educar y forman personal, para crear las condiciones que le permita a la industria cinematográfica surgir, sería como decir que tampoco la tiene para formar médicos o ingenieros, y que esta labor le corresponde solo a las firmas contratistas de obras civiles o a los laboratorios farmacéuticos.

Cuando se crea un Ministerio como el de Comercio Exterior se está subestimando a los exportadores para que aprendan a vender afuera por cuenta de papá Estado, pero nadie pide su cierre porque las exportaciones no hayan crecido al ritmo programado.

De la misma manera la tarea del Estado en el cine no puede medirse por el resultado inmediato de las películas realizadas, ni por los balances contables de cada una, sino por su labor formadora.

De todas formas resulta bastante contradictoria la posición de Hommes, ya que por un lado está satisfecho de haber acabado con el apoyo estatal al cine, pero al mismo tiempo le gustan los productos que resultaron gracias a ese apoyo.

Pero lo más contradictorio es que en medio de la orfandad en que dejó a los cineastas, el ex ministro se burle también de las empresas privadas que asumieron el riesgo de apoyar el cine nacional: Como el cine de Cabrera demostró ser negocio sin tener que recurrir al papá como gancho de taquilla, le aparecieron poderosos patrocinadores. Ojalá no le pase lo de César Rincón o la Selección Colombia , escribió tratando de sacarse un clavo con el Grupo Santo Domingo, pero equivocándose de nuevo.

En efecto, la vinculación de Caracol Televisión a La estrategia llegó en el momento en que más se necesitaba: cuando la película aún se encontraba en la etapa de edición y ni siquiera nosotros teníamos la confianza suficiente en el proyecto para poder culminarlo.

Caracol tomó el riesgo de invertir una importante suma de dinero cuando no existía la menor posibilidad de garantizar siquiera el retorno a la inversión, pues como correctamente anota el ex ministro, antes del éxito de La estrategia una película nacional estaba condenada de antemano al fracaso.

Lo mismo se tiene que decir sobre el comentario con respecto al patrocinio del Grupo Santo Domingo a César Rincón y a la Selección Colombia: el Estado no patrocina el fútbol, pero Hommes tampoco quiere que lo haga la empresa privada. Entonces, quién? Tal vez prefiera que lo hicieran los carteles de la droga? Mucho menos se puede afirmar que el descalabro de la selección se debió al patrocinio de Bavaria, porque esta sería una forma de eludir lo que de verdad determinó su prematura derrota.

Si al ex ministro le molesta que los grupos económicos asuman responsabilidades culturales y deportivas, y que como es obvio obtengan rentas publicitarias de ellas, por qué desde el Estado no se legisló para reglamentar el acceso de los grupos a esas actividades? No se puede ser antiestatista y anticapitalista a la vez, a menos que Hommes se nos haya convertido en un anarquista.

Firman: Sergio Cabrera y Ramón Jimeno.