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OTRA VEZ, REFORMAS A LA CARTA

El libreto de los gobiernos de los últimos 20 años ha sido el mismo: reformar la Constitución.

14 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Lo hizo López Michelsen con la llamada Constituyente, cuyas reformas finalmente tumbó la Corte. Lo mismo le pasó al ex presidente Turbay Ayala. Belisario Betancur introdujo la elección de alcaldes, tal vez la reforma más tangible y efectista de la reciente historia. Barco promovió una inmensa reforma que se ahogó en el filo de una medianoche en el Congreso, cuando el tema del narcotráfico ya se había tomado por asalto las discusiones políticas. Gaviria no tomó el camino viejo de reformar la Constitución, sino que la cambió de cuajo con una Asamblea Constituyente.

Y ahora Samper, en una hábil jugada política, según coincidieron varios congresistas conservadores, hizo virar la polémica originada en los informes de la Fiscalía hacia otra polémica de nunca acabar, como es cómo dónde y qué reformar de la Constitución.

La lanzó como una necesidad imperativa de cambiar a los partidos políticos, de precisar cómo se financian las campañas (justamente para evitar la inmensa corrupción originada en las donaciones) y de fusionar las dos cámaras en una. El problema es que los congresistas cogieron en el aire la iniciativa y ya han lanzado otras: suprimir la Vicepresidencia, montar un régimen parlamentario -y de paso cambiar al Presidente por un primer ministro-, acabar la Corte Constitucional, suprimir el Consejo de la Judicatura, suprimir los ministerios de Justicia y de Gobierno, desmontar inhabilidades (para que los parlamentarios puedan ser ministros) y reformar la Fiscalía. En fin, en las juntas de parlamentarios liberales y conservadores de esta semana sólo faltó que propusieran cambiar el rumbo del río Magdalena.

Es que el Presidente nos dio papaya , dijo un senador de la Costa Atlántica en la reunión de liberales.

La propuesta de Samper, como dijeron algunos participantes de la junta conservadora, fue hábil en la medida en que puso al Congreso contra la pared, en momentos en que su desprestigio es creciente. Un congresista más señalado por la Fiscalía, y nos cierran esta vaina , dijo un representante liberal.

Y, en efecto, el fantasma de la revocatoria se empezó a pasear de nuevo por los pasillos del Congreso.

Aurelio Iragorrri, samperista de viejo cuño, fue el primero en lanzar la advertencia: así, con propuestas de reformar los partidos y el Congreso, comenzó lo que luego fue la revocatoria del mandato en la Asamblea Constituyente. Y él sí lo sabe muy bien, pues era el presidente del Congreso en 1991 y vio la manera como se rebelaron sus colegas -que llegaron a proponer sangre en las gradas del Capitolio -, y lentamente lo fueron dejando solo.

El reto lo lanzó un senador de Córdoba: Ajá, si nos mandan de nuevo a elecciones, pues nos vamos a elecciones. En hacernos elegir somos unos maestros .

En fin, podría haber en breve una nueva Constitución, o la misma pero ampliamente reformada. Una paradoja, como hicieron notar algunos, como quiera que en los últimos 20 años, justamente, se han crecido los males más graves del país, como el narcotráfico, la guerrilla, la corrupción y la violencia ciudadana.

Para analizar estos temas se reunirán en retiros espirituales los congresistas liberales, los días 28 y 29 de mayo en Santa Marta. Empezarán por cerciorarse, como anotó un parlamentario, de quiénes son los dueños del hotel donde se reunirán, su certificado de la Cámara de Comercio y la lista de empresas que se ofrecen a pagar cuentas de minibar.