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EL RETO DELLIBERALISMO

El Partido Liberal está enfrentando, nadie lo duda, uno de los momentos más difíciles de toda su historia. En medio de un clima generalizado de incredulidad ciudadana frente a la dirigencia política y mientras avanzan una serie de procesos judiciales que han involucrado a varios de sus más caracterizados dirigentes, la colectividad está sometida a una extraña interinidad que le ha impedido asumir con cabeza fría y proyección futurista el análisis sobre su situación actual, y los caminos de salida para recuperar el liderazgo erosionado en la sociedad colombiana.

14 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Prudente fue la determinación de aplazar la Convención Liberal, pues se dispondrá así de un mayor plazo para prepararla de tal manera que no active peligrosos detonantes para el Partido, sino que, por el contrario, aporte condiciones propicias para adoptar las determinaciones coyunturales y las orientaciones estratégicas que le permitan al Partido estar a la altura de su responsabilidad histórica, con su legado y con su compromiso con la Colombia del Siglo XXI. Bien se ha hecho en llamar esta etapa como una semana en que debe imperar la calma, para darle el nombre de retiros espirituales .

La crisis es, al mismo tiempo, una oportunidad para que el Partido retorne por los senderos de la acción dinámica y constructiva, del liderazgo ideológico y programático, de la vanguardia social asociada con el empeño de conquistar una sociedad más equitativa y desarrollada. Es también una oportunidad para revisar sus mecanismos internos de representación y de convocatoria a las fuerzas vivas de la sociedad colombiana. Una oportunidad para mirar hacia esos valiosos contingentes de ciudadanos liberales que hoy son ajenos a la actividad política, pero que han conducido su vida y su influencia social guiados por criterios liberales. Una oportunidad para abrir la compuerta a las nuevas promociones de dirigentes que vigorosamente y desde muchas regiones se vienen abriendo paso en los diferentes frentes de la vida nacional.

Y es que Colombia es un país liberal. Profunda y creativamente liberal. No en la dimensión sectaria y banderiza del término. No. Colombia es liberal en su perspectiva espiritual que se irradia a la ciudadanía en su conjunto. Así, debe el Partido afinar sus antenas de comprensión de la sociedad, flexibilizar y estimular sus mecanismos de motivación colectiva, repensar su agenda de manera que coincida con las expectativas del país, desparlamentarizar su actuar cotidiano, modernizar su estructura interna, ampliar su espectro de convocatoria, depurar sus filas y recuperar la capacidad de orientación en una sociedad perpleja y atemorizada que necesita urgentemente reinstitucionalizar su régimen de partidos.

Tan importante como la propia Reforma Constitucional de 1991 es, ahora, el fortalecimiento democrático y pluralista del régimen de partidos. Si este propósito no se logra, los instrumentos de participación que ha ganado la sociedad colombiana en los últimos años se tornarían en una peligrosa espada de Damocles que en cualquier momento caería de manera fatal sobre toda la institucionalidad nacional.

En efecto, tantos instrumentos democráticos exigen partidos fuertes que los conduzcan, que los racionalicen, que guíen su aplicación de manera que no se conviertan en instrumentos de peligrosas causas individuales camufladas bajo engañosos ropajes populistas y demagógicos.

El camino que transite el Partido hacia la Convención debe combinar la revisión de sus orientaciones ideológicas que parecen por ratos relegadas al Cuarto de San Alejo y la actualización de sus frentes de reflexión y propuesta, con la búsqueda de fórmulas para concertar una Dirección legítima, que pueda ser acatada por los distintos estamentos de la colectividad, cuyos integrantes no tengan cuestionamientos éticos ni judiciales y que entiendan que por encima de cualquier interés personalista están los del Partido, y los propósitos superiores del bienestar nacional.

Tiene el liberalismo una cita con la historia y para cumplirla debe entender que la maniobra en medio de la tempestad o lo hunde en alta mar, o le permite sortearla como confiamos en que sucederá para llegar al puerto ansiado, con la tripulación y sus ocupantes a salvo, listos para enfrentar los retos del futuro.