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LA SUTIL MARCA DE LOS SECUESTRADOS

Los días de cautiverio tallan poco a poco varias huellas en la personalidad de un secuestrado. Unas son más profundas y dolorosas que otras, pero hay una que se ha convertido en un acertijo para los investigadores, porque es labrada por la relación que establecen el secuestrador y su víctima.

13 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Se conoce como el Síndrome de Estocolmo, un sentimiento positivo que paradójicamente germina en los áridos terrenos del secuestro y se manifiesta después de la liberación.

El síndrome es una simpatía que cultiva el secuestrado hacia quienes lo mantuvieron encerrado, por sentir que está con vida después de que su existencia corrió, segundo a segundo, el riesgo de acabar.

Por eso, aunque no lo reconoce, cada vez que habla de su experiencia deja pasar comentarios de agradecimiento hacia sus captores y, algunas veces, de rechazo a las autoridades.

En Colombia, para la investigación y el estudio de este síndrome existe una curiosa relación inversa: es el único país del mundo donde se comete un secuestro cada siete horas, pero las víctimas, después de liberadas, se abstienen de hablar porque temen que sus respuestas en sesiones especiales con los investigadores sean tenidas en cuenta en las diligencias judiciales.

Sin embargo, a pesar de esos impedimentos, Fernando Díaz Colorado, sicólogo de la Unidad Docente de la Fiscalía General de la Nación, recopiló suficiente información para sacar sus conclusiones sobre la materia.

Díaz estudió, entre otros hechos, las tomas guerrilleras a la embajada de la República Dominicana y al Palacio de Justicia. Con eso, y con las declaraciones de varias víctimas de secuestro, escribió el primer Análisis descriptivo del síndrome de Estocolmo en situaciones de toma de rehenes y secuestro en Colombia.

Y la deducción inicial a que llegó es que los secuestrados le ponen un segundo candado a su experiencia, distinto al temor por las diligencias judiciales: Ellos tienen una necesidad física y mental de descansar. Se inhiben emocionalmente y eso impide una exposición objetiva de la realidad que vivieron. Y para estudiar el síndrome es necesario el análisis retrospectivo de cada caso .

Trípode del síndrome Para Díaz, el síndrome es una consecuencia de la interacción de sentimientos como la angustia, el conflicto y la frustración. También está determinado por factores como el tipo de grupo que ejecuta el secuestro. Si son bandas bien organizadas la vida de la víctima corre menos riesgo, y así el fenómeno encuentra un terreno abonado para su desarrollo.

Hay tres circunstancias fundamentales dice Díaz para que el Síndrome de Estocolmo se manifieste: el contacto positivo, el diálogo o la comunicación y el tiempo de duración de la retención. Cada una de las tres es una condición necesaria pero no indispensable para que se produzca el fenómeno .

El contacto positivo es el respeto (si así se puede llamar) que a veces tienen los secuestradores por la integridad física y moral de sus víctimas. Es cuando el secuestrado recibe un tratamiento que está acorde con su status, por parte de quienes lo mantienen en cautiverio.

La comunicación se inicia, por ejemplo, si los delincuentes le comentan a su víctima los motivos del secuestro. Eso lo hacen para aligerar un poco la tensión a que se somete una persona en el encierro. También es común que durante los operativos que adelantan las autoridades para la liberación de un secuestrado, este comparta con sus captores la sensación de peligro y el temor por la inminencia de la muerte .

La otra variable que puede dar origen al síndrome es la cantidad de tiempo que dura la retención. Este factor prácticamente determina la existencia de los otros dos (comunicación y contacto positivo). Los casos que sirven de ejemplo son los secuestros ejecutados por la guerrilla o los narcotraficantes.

En cambio, si persiste la incomunicación afirma Díaz debido a las mordazas, las ataduras, el encapuchamiento de la víctima, o su encierro en un armario o en una pieza, las posibilidades del síndrome desaparecen. El trato totalmente deshumanizado hacia el secuestrado por parte del captor hace más factible un asesinato .

Díaz aclara que el Síndrome de Estocolomo no es una enfermedad o una patología. Es un acto inconsciente, es la utilización de un mecanismo adaptativo para continuar viviendo. Y en la lucha por sobrevivir, todo vale. Además, existen personas que no cuestionan la conducta delictiva, sino que comprenden al delincuente. Más en Colombia, donde las autoridades tienen un cierto grado de desprestigio .

Díaz continúa con los conocidos limitantes en su trabajo, pero ahora apunta sus análisis en un nuevo sentido. Escudriña otros trastornos sicológicos que deja el secuestro. Uno de ellos es el síndrome por estrés postraumático, una enfermedad sicológica de los secuestrados, que se presenta de seis a dos años después de su liberación, y presenta, entre otros síntomas, la ansiedad, la pérdida del sueño, la irritabilidad y la falta de motivación.

También, algunos de los interrogantes que pretende esclarecer son la posibilidad de que las personas susceptibles de ser secuestradas utilicen las estrategias del Síndrome de Estocolmo a su favor para salvar la vida cuando estén en cautiverio, así como la eventual presencia de un nuevo fenómeno sicológico que ronda sobre las cabezas de los colombianos, que es el síndrome del secuestrable.

Sin duda, para Díaz, llegar a ese punto es el triste y revelador retrato de la Colombia secuestrada. Y la situación del país, que se mantiene bajo la amenaza permanente del plagio, se evidencia más ahora que hay empresas que le piden asesoría para sus ejecutivos sobre cómo afrontar el trato con los secuestradores, para hacer menos dramática su vivencia, si llegan a ser secuestrados.