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EL POETA ROJAS

Con profunda tristeza registramos la partida del poeta Rojas, nuestro amigo. Alimentado siempre por una luminosa energía vital, Jorge Rojas dejó su impronta no sólo en la antología obligada de la poesía colombiana, como mecenas, facilitador y exponente ejemplar de la Generación de Piedra y Cielo, sino además en el quehacer cultural colombiano al que se aproximó desde muchos y muy diversos frentes, ya como galerista de arte rescatando para nuestro patrimonio cultural verdaderas obras maestras, ya como activo director del Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura, el primero, durante el Gobierno de Carlos Lleras Restrepo.

13 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Con La ciudad sumergida en 1939 se inició la aventura. Fue su propio poema el que abrió la colección de Piedra y Cielo, que, tomando el nombre de un libro de Juan Ramón Jiménez de 1919, habría de albergar luego a Carlos Martín, Arturo Camacho Ramírez, Eduardo Carranza, Tomás Vargas Osorio, Gerardo Valencia y Darío Samper, quienes marcaron afortunado rumbo para nuestra poesía del siglo XX.

Al evocar su memoria, son sus propias palabras las que nos vuelven a colocar frente a él a la hora de la despedida.

No quise ver el mar porque sabía/ que el corazón más honda inmensidad/ y olvidada del hombre me ofrecía.

Y a la sola colina de mi edad/ subí a mirar mi corazón, batiendo/ siempre contra su propia soledad.

Límite de su límite, fui viendo/ nacer un nuevo instante, del instante/ que fue de su alta cúspide cayendo.

Y descubrí su vórtice quemante/ como una flor de sangre estremecida,/ en su terrible viento circulante.

Hoy tengo el corazón ante la vida/ de nuevo azul, y ya las escolleras/ no rompen esta calma conseguida...