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COCA Y POLÍTICA: LIBROS EXPLOSIVOS

Lanza en ristre se vino María Mercedes Carranza tal vez la crítica bibliográfica más respetable del país contra Mercaderes de la muerte, el escalofriante libro de Edgar Torres Arias, editor judicial de EL TIEMPO, sobre las andanzas del cartel de Medellín en plena época de Pablo Escobar.

12 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Carranza dice, en su última nota en la revista Semana, que, aparte de escandalosísimo, el periodismo no puede convertirse en una telenovela barata, en la que se revelan delitos atroces sin ninguna prueba . Y agrega: La Fiscalía está obligada a abrir de oficio una investigación, sobre las afirmaciones que hace este libro, de sobornos a los constituyentes . Señalamiento que María Mercedes hace, además, en su condición de ex constituyente.

Sí. Son impresionantes las revelaciones del periodista Edgar Torres, y muy gráficas para acentuar la presunción de que Colombia es, en efecto, el país más violento del mundo. Y mucho me temo que ellas son ciertas, entre otras razones porque, como lo advierte en varios casos el propio autor del texto, son testimonios que se derivan de lo que dicen los expedientes de la Fiscalía.

Sin embargo, lo que María Mercedes Carranza plantea no solo es válido sino digno de discutirse: hasta dónde llega el sigilo profesional del periodista (como existe también con los médicos, los abogados sobre todo penalistas e, inclusive, los sacerdotes en lo que se denomina el secreto de la confesión) y dónde comienza, por su parte, el encubrimiento de conductas delictivas? Un tema merecedor de controversia, en momentos en que en Colombia empieza a surgir impetuosamente este estilo de literatura. Pues las connotaciones políticas que encierra dicho género bibliográfico son tan innegables como de palpitante actualidad.

Paralelamente con la aparición de esta obra, ha salido una edición ampliada de La Bruja (Coca, política y demonio), el famoso libro de Germán Castro Caycedo que, después de muchas tutelas en su contra, las ganó todas en la máxima instancia: la Corte Constitucional. La Sala Plena de este tribunal liberó este texto-denuncia de las censuras impuestas, con la consideración de que lo recogido en La Bruja es una especie de testimonio periodístico obtenido a través de entrevistas grabadas y escritas con personajes de la vida real (...) moldeándolas y ordenándolas acorde con la narrativa y técnicas literarias y periodísticas, como son ejemplo los libros A sangre fría, de Truman Capote; Arde París, de Dominique Lapierre y Larry Collins; El escándalo Watergate, de Woodward y Bernstein, y El genio y el poder, de Gay Talese. En todo caso, sin que interese identificar el género literario a que pertenezca la obra, para la Sala ésta es ante todo una creación literaria del escritor amparada constitucional y legalmente .

No sé si lo propio pudiera decirse de Mercaderes de la muerte, pues más que una creación literaria es la relación entrelazada de los testimonios de los más pavorosos narcotraficantes. Así mismo, la quinta edición completa de La Bruja (Editorial Planeta) contiene, entre muchos testimonios importantes, un debate en el salón elíptico del Capitolio Nacional, el 2 de septiembre de 1980, que, a juicio de Castro Caycedo, es la presentación en sociedad de la narcodemocracia colombiana.

En dicho debate, el entonces representante José Múnera León habla sin reatos de la participación de las mafias en política, y concretamente se refiere y compromete a las listas del llamado ospino-pastranismo. Castro añade que aunque en las primeras ediciones del libro se omitieron algunos nombres o se cambiaron otros, fueron tantas las presiones que hubo en su contra que ahora se vio obligado a divulgar, en los respectivos juicios, nombres propios y hechos que no habían sido relacionados antes, tal como aparecen a lo largo de esta nueva edición y especialmente en el último capítulo .

Sin embargo, no hay que desviar la atención de esta polémica, que en el fondo se centra en lo que en el argot periodístico se define como la reserva o la confidencialidad de la fuente, y en hasta dónde habría complicidad de los periodistas en actos delictuosos cuando denuncian hechos sin suministrar pruebas, amparándose en esa reserva de la fuente.

Me pregunto: Garganta profunda , la fuente primordial de Woodward y Bernstein en el caso Watergate, alguna vez aportó pruebas, o simplemente informaba a los periodistas (los dateaba ), para conducirlos por el laberinto de este escándalo hasta encontrar el final? Pues, a propósito del tema, no debe olvidarse que también Lucy Nieto escribió hace unos meses contra Germán Castro, a quien tildó de encubridor por sus diálogos y encuentros con Pablo Escobar, y por no denunciar su paradero, en relación con lo que cuenta aquel en unas crónicas publicadas en Cromos, que de seguro van para libro.

Cómo, pues, proteger este estilo de trabajos periodísticos, sin interpretar la posible complacencia de sus autores como una actitud cómplice? He ahí el meollo del asunto. Pienso, al fin y al cabo, que también aquí están en juego la credibilidad del reportero, su trayectoria y su seriedad profesional, independientemente de si debe o no mostrar pruebas y delatar así a sus fuentes.

Alguien sabe a estas horas quién era Garganta profunda , veinte años después de que, por su culpa, se cayó Nixon del poder? Alguien, claro, aparte de Woodward y Bernstein?