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REFORMA POLÍTICA

Siempre es provechoso levantar la cabeza en medio de las tempestades y clavar la vista en el futuro. Sólo así se podrá sortear con buen exito la crisis. Procurando resolver estructuralmente las causas que la provocaron y pensando en el largo plazo.

12 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Eso es, precisamente, lo que ha hecho recientemente el presidente Ernesto Samper al clausurar, en Cartagena, un encuentro sobre la legitimidad de las instituciones democráticas en América Latina. Su intervención, cargada de frases cortas e impactantes, contiene una interesante variedad de temas de reflexión para abrir o reabrir una serie de discusiones que el país tarde o temprano debe abordar si verdaderamente quiere perfeccionar su sistema democrático.

Dentro de este contexto, hay dos temas que tienen particular interés en estos momentos, a saber: el régimen de financiación de los partidos políticos y la reforma al Congreso.

En relación con el primero hemos expresado, en distintas oportunidades, nuestra coincidencia con quienes plantean la financiación pública de partidos y campañas, sometida, eso sí, a unas reglas precisas que garanticen la absoluta transparencia en el manejo de los recursos. En efecto, la influencia contaminante de recursos mal habidos se produce por la necesidad de conseguir fondos para actividades que han adquirido costos muy elevados. Esa financiación y en ello coincidimos también con el Presidente se debe acompañar de severos controles de otros ingresos y rendición de cuentas, publicidad, limitación en el tiempo de las campañas, y listas nacionales por partidos, entre otros aspectos.

Por otra parte, en relación con la reforma al Congreso, la discusión adquiere otras aristas. No han pasado cinco años todavía desde que se aprobó, por la Constituyente de 1991, la última reforma integral al Congreso. Será este el primero con período completo, elegido al amparo de la nueva Constitución. Cabe entonces preguntarse: Dónde radican los males que le endilgan? Acaso en su bicameralismo? Con un Congreso unicameral se resuelven las dificultades más grandes de la corporación? Eliminar una Cámara contribuiría a eliminar algunas barreras que obstaculizan su buen funcionamiento, o por el contrario crearía otras nuevas mucho más grandes? El planteamiento del tema es interesante para abrir el debate, pero debe inscribirse dentro de un contexto mucho más amplio. Ciertos vicios estructurales del sistema desbordan el ámbito del debate sobre el bicameralismo. Podrán ser una, dos o tres cámaras e igual se seguirán presentando, si no se atacan de raíz. En sentido análogo, hay bondades del sistema asociados con los nuevos mecanismos constitucionales que nada tienen que ver con que la corporación tenga uno o dos cuerpos, como por ejemplo la batería de disposiciones en materia estrictamente electoral.

Quiere esto decir que, abierto el debate sobre el Congreso, no puede agotarse en algunos aspectos puntuales sino que, bien por el contrario, tiene que ser comprensivo y global. Las nuevas ideas son siempre saludables. Sin embargo, su aplicación debe poseer unas fuertes vigas de amarre con la realidad y con la evaluación serena de sus posibilidades de éxito, pues nada resulta más frustrante que el ejercicio de implantar una reforma que no logra llegar al fondo de sus motivaciones.

Sea esta, en todo caso, una oportunidad para repensar nuestro sistema democrático y para buscar nuevos consensos que nos permitan superar estas agobiantes crisis de legitimidad corporativa que ponen en peligro el conjunto de la institucionalidad colombiana