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GABRIEL CAMARGO PÉREZ

Era auténtico y transparente, como los riachuelos aún no contaminados de su campiña boyacense. Gabriel Camargo Pérez era profundo en el pensamiento y diserto en la palabra; vasto y abierto en las provincias del saber y del ideario liberal. Sencillo y fecundo en su trasegar vital, sabía mezclar la cita apropiada, la observación lúcida, el gracejo oportuno en el espacio adecuado, sin caer en lo trascendental ni en lo ramplón.

12 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Formado en las aulas seculares del Colegio Boyacá venero de hombres íntegros y patriotas genuinos, plantel fundado en los albores de la república por el Organizador de la Victoria, General Santander; graduado en Agronomía y titulado en Derecho y Ciencias Políticas y Sociales, fue crisol intelectual de recias disciplinas donde se mezclaron y complementaron el humanista y el científico, el jurista y el sociólogo, el antropólogo y el historiador, Especializado en relaciones industriales en los Estados Unidos, sirvió durante años como asesor jurídico de Acerías Paz del Río, donde fundó el Museo Siderúrgico de Colombia, escribió la historia del acero en el país, y desempeñó posteriormente otros altos cargos oficiales.

Pero su pasión fue la Historia, tema que manejó con rigor investigativo y entrega de maestro, para dejar plasmadas sus experiencias y estudios en volúmenes que constituyen auténtico aporte de valía al conocimiento del proceso histórico nacional. La Roma de los Chibchas; Del barro al acero; El blasón de Sogamoso; Primer arribo español a tierra firme; Etiología y metamorfosis de Cundinamarca; Escritores de Suamox, Ciudad del Sol; Sergio Camargo, el Bayardo colombiano; Misterio y hallazgo del Nuevo Mundo, son algunas de la veintena de obras que escribió con amoroso espíritu colombianista. Su ciudad natal, Sogamoso, lo exaltó con el Sol de Oro ; Boyacá lo condecoró con la Orden de la Libertad, y las academias de Historia de Colombia, de Boyacá, de Cundinamarca, de Antioquia, de Santander, la Real española, la de Puerto Rico, la Sociedad Geográfica de Colombia y otros institutos nacionales y extranjeros reconocieron su infatigable trabajo, que combinó en exacta medida con su exquisito don de gentes y generoso espíritu, honesto por naturaleza y sabio por vocación.

Su infausto deceso, el miércoles de la semana pasada, ha sido especialmente lamentado entre las directivas de este diario, al que tántos vínculos afectivos e intelectuales lo ligaron a lo largo de su meritoria existencia. El jurista y alto poeta boyacense Pedro Medina Avendaño escribió en su homenaje el siguiente soneto El Historiador en la Historia, de rotundos trazos líricos y precisión conceptual, que define con lealtad y fortuna los más sobresalientos rasgos de su irremplazable perfil humano: Eran claro su espíritu como la transparencia, su mente, cartesiana; imparcial su criterio.

Amaba la franqueza, rechazaba el sahumerio.

Tenía limpias las manos y recta la conciencia.

Investigaba infolios con esmero y paciencia propios del analista infatigable y serio, y a las nuevas naciones y al derruido imperio aplicaba el rasero de la crónica ciencia.

Testigo del pasado, llavero del futuro, la virtud y el talento lo hicieron elocuente.

Fue en el saber confiable y en la amistad /seguro.

En la ciudad y el campo, lustre de Clío y /Ceres, orgullo de la patria, ab aeterno presente perdurará este nombre: Gabriel Camargo /Pérez.