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LIZ TAYLOR FUERA DEL LIBRETO

Elizabeth Taylor quiso impedir la publicación de la biografía no autorizada de David Heymman. Su preocupación, ahora que el libro se vende en Gran Bretaña, resulta explicable. La actriz es retratada como un monstruo, una mujer egocéntrica y libidinosa que bebe como un pez, usa un lenguaje barriobajero y necesita estar dominada por un hombre. Afortunadamente para ella, el devastador libro de Heymman ha aparecido casi simultáneamente con otro mucho más suave, escrito por Donald Spoto, que sin ocultar la vulgaridad de la actriz pone el acento en su generosidad y buen corazón, su ayuda a causas como la lucha contra el sida, sus 50 películas y sus dos Oscar.

13 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Cuál es la auténtica Elizabeth Taylor? La verdad es que ya casi todo estaba dicho sobre la que fuera mujer de Richard Burton, uno de sus nueve maridos (alguno por partida doble, incluido Burton).

La revelación más espectacular de la biografía de Heymann es que James Taylor, el padre de la actriz, era homosexual además de alcohólico, y que de ahí se deriva probablemente la especial sensibilidad de Liz por el problema del sida.

Donald Spoto ha escrito biografías muy aplaudidas de Hitchcock, Marilyn Monroe, Tennessee Williams y Laurence Olivier, siendo quien nombró por primera vez a Danny Kaye como el amante de este último.

Pero su trabajo sobre Liz Taylor ha sido criticado como blando e insípido, sobre todo en comparación con el mucho más agresivo y picante de Heymann.

Este, que ya publicó una polémica biografía no autorizada de Jacqueline Kennedy Onassis, no trata mejor a Liz Taylor, empezando por la manera en que su ambiciosa madre le privó de una infancia normal y la empujó al mundo del cine, continuando con sus nueve matrimonios y detalles escabrosos de sus romances, así como sus adicciones a la droga, el alcohol, la comida y la cirugía estética.

Un libro descarnado El libro se apoya en más de un millar de entrevistas con distintas personas que han conocido a Taylor a lo largo del tiempo, y que la presentan como una voraz consumidora de sexo, una consumada geisha, en palabras de un ex amante, y según otro, maravillosa en la cama y totalmente pornográfica .

En muchos conceptos, las dos biografías de la Taylor publicadas simultáneamente en Gran Bretaña están de acuerdo. La actriz siempre se ha creído una reina, se ha comportado como tal y ha esperado ser tratado en consecuencia. Todo lo que ha querido, hombres, maridos, joyas, ropa, lo ha tenido. Sus enfermedades, sus matrimonios, sus crisis y sus divorcios han sido primera página de los periódicos durante medio siglo. Dicen que soy vulgar, y es verdad que lo soy -comentó una vez-. Pero acaso el público querría que fuera de otra manera? .

Spoto y Heymann coinciden en que Taylor fue la última estrella de Hollywood , en el sentido de que los Estudios se rendían ante todos sus caprichos. Debutó en el cine en 1943, a los 11 años, y desde entonces su vida se convirtió en una serie de papeles interpretados en escenarios dramáticos diversos.

Es comprensible que Liz Taylor esté indignada con la biografía de David Heymann, que incluso entra en detalles como el tamaño de los penes de sus maridos y amantes, sus gustos y peculiaridades a la hora de hacer el amor, sus épocas de glotonería, en las que nadaba en champán y terminaba las comidas con cinco platos de postre, y su obsesión con las pastillas, que le llevó a probar 500 diferentes durante un periodo de 15 días en 1982.

Es obvio que Heymann no siente ninguna gran simpatía por Taylor (el sentimiento es mutuo), ya que la califica como una actriz de segunda a quien Hollywood le regaló dos Oscars (por Una mujer marcada y Quién teme a Virginia Woolf?. El primer director de cine que le hizo una prueba, cuando Taylor contaba apenas 10 años, comentó, según relata el libro de Heymann, que tenía los ojos de una adulta . Y la verdad es que nunca fue una niña.

Entrenada desde pequeña como mujer fatal , esto es lo que ha sido siempre. Hizo todo precipitadamente: se casó a los 18, se divorció a los 19, fue madre a los 20, viuda a los 26 (del productor Mike Todd) y abuela a los 39.

Raymond Vignale, mayordomo de los Burton, cuenta que uno de sus trabajos era mantener la llama del deseo entre Richard y Liz, para lo cual les compraba revistas pornográficas. Otro empleado relata en la biografía de Heymann que diariamente debía examinar la ropa interior de la actriz para ver si tenía el período, porque en caso afirmativo había de llamar a los Estudios e informar que no iría a trabajar.