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CLINTON Y YELTSIN: UN CORDIAL DESACUERDO

Un par de muy bien peinados, sonrientes y rosagantes presidentes apareció ayer ante la prensa en Moscú con diez minutos de retraso para decir, palabras más, palabras menos, que, como todo el mundo esperaba, la cumbre entre Clinton y Yeltsin , que se siguen llamando Bill y Boris, no dio prácticamente más resultado que dejar claro en qué están en desacuerdo.

11 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

A las 14:40 salieron los esperados. Alumbraron los flashes y reinó el silencio. Yeltsin habló 12 minutos. Clinton casi lo mismo. Yeltsin lo llamó Bill ; Clinton presidente . Fue notoria la intención mutua de mantener las formas de una buena amistad. Y evidente que, en el marco de sus acuerdos globales, mantienen los desacuerdos que han marcado estos dos años de nuevas relaciones.

Antes de la conferencia de prensa se reunieron por tres horas, en lugar de la hora y media prevista. Pero pese a eso, no hubo declaración común. Sólo un acuerdo sobre la aplicación del tratado de misiles antibalísticos, firmado en 1972. La única noticia de importancia fue el anuncio de Yeltsin de suprimir de su contrato nuclear con Iran, la parte militar. Concretamente, la centrífuga de gas que permite enriquecer material radiactivo, que podría ser usado con fines bélicos.

El nuevo contrato será enviado a la comisión intergubernamental Gore-Chernomuirin, el vice-presidente de Estados Unidos y el primer ministro ruso, para estudio detallado , que enseguida se pasará a los presidentes para aprobación.

Estados Unidos quiere la anulación de todo el trato nuclear que Rusia tiene con Irán. Pero Yeltsin precisó que la venta del reactor nuclear pacífico , por mil milllones de dólares que buena falta le hacen a su país, va viento en popa.

Reinó la discordia Ese fue el único regalo de Yeltsin a Clinton para que éste no se fuera con las manos vacías. En los demás temas, reina la discordia.

Sobre la ampliación de la OTAN a los países del Este de Europa, Clinton no pudo, en tres horas, convencer a Yeltsin de ceder. Yeltsin dijo que la posición rusa en el tema sigue sin cambios . Clinton anunció que Rusia aceptó ingresar al acuerdo Asociación para la Paz, paso previo al ingreso a la OTAN para otros países que Rusia se había negado a dar. Pero Yeltsin dejó claro que en el punto siguen muchos asuntos sin respuesta . Y lo único que se logró es que en la cumbre del Grupo de los Siete en Halifax (Canadá), el año entrante, proseguirán las discusiones, las cuales, si no hay acuerdo, seguirán en octubre de 1996 en Nueva York, durante el cincuentenario de la ONU.

Chechenia y la guerra en curso allí, fueron la nuez de la discordia. Yeltsin no sólo insistió en que es asunto interno de Rusia , sino que declaró contra todas las evidencias que no hay combates . Clinton le pidió que el cese al fuego transitorio, decretado por el gobierno ruso entre el 28 de abril y el 12 de mayo, se convierta en permanente. Yeltsin no dijo palabra sobre el punto. Y en una reunión de los ministros de exteriores ruso y estadounidense, Warren Christopher, que pidió lo mismo a su homólogo ruso Andrei Kozyrev, sólo logró de éste que lo escuchara .

Los presidentes se pusieron de acuerdo en emprender de conjunto la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado, pero no en medidas prácticas en esa vía, que discutirán ambos gobiernos. Además, hablaron de no difusión del armamento nuclear, químico y bacteriológico, también sin llegar a decisiones concretas. Y, la presencia de Rusia en el Grupo de los Siete, fue descrita a la perfección por Yeltsin . Políticamente, dijo, es el Grupo de los Ocho. Económicamente, la cumbre de Halifax será de siete y medio .

Cumbre a medias se podría llamar este evento que ni siquiera reunió suficientes periodistas como para llenar los 660 puestos de la sala de prensa de la presidencia rusa donde había muchos lugares vacíos. La OTAN, la colaboración nuclear de Rusia con Irán, la guerra de Chechenia, siguen siendo, pese a los abrazos y los Bill y Boris , puntos de conflicto. La cumbre de Clinton y Yeltsin , como todo el mundo preveía, no cambió gran cosa. Las relaciones entre ambos países no son tan tensas como las pinta la sensacionalista prensa estadounidense, ni tan idílicas como pretende dibujarlas la muy oficial televisión rusa.