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COLOMBIA SITIADA POR LA NARCOBANCA

Las acciones adelantadas por el Estado Colombiano, a través de la Fiscalía General de la Nación, para estrangular el flujo constante de dinero ilícito, coloca de presente la vulnerabilidad del sistema económico de nuestro país. El ilustre ideólogo Karl Marx en su tratado del capital expuso la tesis de que la infraestructura económica de un Estado determina la superestructura, es decir, todas las relaciones sociales de producción.

11 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Una visión histórica retrospectiva muestra cómo el Estado colombiano, desde la época de la conquista hasta nuestros días, ha sido expoliado material y espiritualmente.

Primero, nos saquearon todo el oro, luego nos adoctrinaron con religiones y culturas foráneas, negándonos nuestra propia identidad, es decir España nos invadió con personas bárbaras y narcotizadas por el afán de riqueza, a más de toda clase de enfermedades. Y, con el correr del tiempo. a los colombianos nos han discriminado como parias y nos aborrecen mundialmente. Igual ocurre con los Estados Unidos en la actualidad.

Esta conducta social de abyección y de sometimiento de nuestro país a otros gobiernos ha sido terreno fértil para las políticas expansionistas de Norteamérica, que bajo la bandera de libertad, orden y democracia, ha ido paulatinamente extendido su poder económico, al punto de condicionar las políticas económicas de los países subdesarrollados, mediante el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo, por cuanto ellos son los mayores accionistas que regulan el mercado de capital internacional.

Esto demuestra claramente que la economía colombiana es dependiente de esa banca extranjera, no solamente para la obtención de créditos o empréstitos, sino que además esos países desarrollados son los que fijan el precio de oferta y demanda del mercado mundial, estableciendo libre comercio o imponiendo altos aranceles a los productos o mercancías importadas desde los países pobres.

El Estado colombiano no es la excepción, y a pesar de ser un país pobre posee enormes riquezas naturales, cuya explotación la ejercen compañías extranjeras, y las ganancias se quedan en el exterior, toda vez que el petróleo, níquel y el carbón se exportan. Valga decir, que los únicos ingresos exportables tienen que ver con las rosas, el banano y el café, que están condenados a sufrir los avatares de los precios que imponen los países consumidores, haciendo el negocio poco rentable financieramente para Colombia.

Esta situación, como es obvio, conduce a que el sistema económico de Colombia sea muy vulnerable al influjo de capitales extranjeros, impidiendo que la deuda externa sea cancelada totalmente y que los intereses crezcan cada día más, ya que el Estado no posee suficientes ingresos para atender satisfactoriamente ese rubro presupuestal.

Más aún, la situación del país se ha ido complicando con la implantación de la apertura económica, puesto que gradualmente los efectos nocivos de esa medida ha llevado a la crisis al sector agroindustrial, a la pequeña empresa y a los pequeños industriales, ya que las políticas gubernativas de subsidio o de crédito han sido nulas o escasas frente al cúmulo de obligaciones que esos sectores han contraído.

Este panorama sombrío no vislumbra un pleno desarrollo para el país. Todo lo contrario, el único sector que ha crecido constantemente es el financiero o especulativo.

El flujo de mercados de capital a través de las casillas siniestras han empujado al Estado a un crecimiento económico artificial, y que seguramente la investigación que se adelanta contra el sector bancario, compañías o fundaciones financieras colocarán en evidencia estas afirmaciones. O sea, el colapso financiero o la crisis social económica será insoportable; las exportaciones ficticias, el contrabando, el lavado de dólares, hacen pensar que esos dineros ilícitos se han filtrado en todo el sector bancario o financiero como una filigrana de nexos invisibles que erociona la moral y todo el aparato productivo del país.

Sin embargo, cabe destacar que de no ser por la bonanza marimbera de los años 60 y del narcodinero de los 80, la inconformidad y el atraso social del país sería mucho más agudo y asfixiaste y Colombia estaría en igual o peor situación económica que Jamaica o Haití; pero que gracias a esa economía subterránea o artificial, sustentada en una riqueza aparente, ha servido de colchón para amortizar el impacto de una violencia general que durante años se ha venido lavando en Colombia.