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EL PLAN: CIFRAS Y RIESGOS

Días pasados registramos con satisfacción la aprobación, por parte del Senado de la República, del Plan Nacional de Desarrollo presentado por el Gobierno del presidente Samper al estudio del Congreso, en cumplimiento de la Constitución de 1991. Y es que no solamente es la primera vez en la historia que un Plan de Desarrollo se discute en las cámaras legislativas sino que el Plan se constituirá en referencia obligada para juzgar las acciones gubernamentales.

11 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

El Plan de Desarrollo incorpora cifras de inversión en proyectos de tipo social y de infraestructura física difíciles de asimilar en la mente de cualquier colombiano. Establece un programa total de gasto para los próximos cuatro años de 38 millones de millones de pesos lo cual, en sí mismo, no dice nada. Por eso, en general, es común que los niveles de gasto del Gobierno se expresen como un porcentaje del Producto Interno Bruto, PIB. Y, a la hora de la verdad, las comparaciones señalan que el gasto total del Gobierno Central se incrementará, en los cuatro años, en cuatro puntos del PIB para llegar a ser un 21.19 por ciento del mismo en 1998, resultando superior el incremento de los gastos de funcionamiento a los de inversión. Es decir que el Gobierno Central en vez de disminuir su tamaño lo va a aumentar en estos cuatro años. Esto no deja de ser preocupante en términos de la posibilidad de financiar en el largo plazo al Gobierno, de manera sana y sin golpear duramente al sector privado.

La financiación del Plan requiere la aprobación en el Congreso de la reforma tributaria. Por fortuna, en los acuerdos que se alcanzaron en las comisiones del mismo Congreso se estableció que, de no contarse con estos recursos, no se podría ejecutar la totalidad del gasto proyectado. Se dejó, entonces, una protección contra la indisciplina fiscal y el desorden macroeconómico. Con todo, aun si la reforma es autorizada, el mayor tamaño del Estado conducirá a déficit crecientes en la operación del Gobierno Central. En el documento de la Administración Samper, el Salto Social , se proyecta para 1998 un déficit de 4.38 por ciento del PIB frente a un superávit para 1994 que se estimaba en 0.23 por ciento y que a la postre terminó siendo del 1.14 por ciento.

Lo que quiere decir que hay razones objetivas para las inquietudes que se manifiestan diariamente en círculos empresariales y académicos con respecto al delicado sendero que recorrerán las finanzas públicas y la economía en su conjunto en los próximos años. No cabe duda de que el endeudamiento del sector público aumentará dramáticamente, como lo ha venido señalando el senador Juan Camilo Restrepo al calcular que en estos cuatro años prácticamente se cuadruplicará el volumen de la deuda interna pública, pasando de 3.3 billones de pesos al término de 1994 a 11.7 billones de pesos en 1998. Las consecuencias de este mayor endeudamiento son evidentes: la inversión del sector privado se verá afectada porque las tasas de interés van a mantenerse altas por mucho rato y será muy difícil que disminuya el ritmo de la inflación de manera gradual y sostenida.

Así las cosas, si bien el Gobierno está teniendo éxito en el Congreso al lograr la aprobación de su programa, el modelo que se ha escogido no está precisamente exento de riesgos, por lo cual su implantación tendrá que efectuarse con extremo cuidado.

Una excelente noticia relacionada con la financiación del Plan de Desarrollo es que el Gobierno emprenderá, ahora sí, un ambicioso programa de venta al sector privado de bancos y empresas estatales. Tiene que ser así por las razones expuestas. Es importante que la opinión pública lo comprenda, en particular los sindicatos oficiales. Como es indispensable que las autoridades no vayan a dar marcha atrás cuando se genere la reacción política. Que no suceda, con el Plan y las privatizaciones, que matemos el tigre y nos asustemos con el cuero.