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ETICA Y CALIDAD DE LA SALUD

Los desdichados acontecimientos ocurridos en el Hospital de Kennedy han llevado a algunos medios de comunicación y a amplios sectores de la comunidad a confundir dos términos: ética y calidad. Los dos van de la mano pero ni se pueden considerar sinónimos, ni pueden utilizarse en forma indiscriminada. Lo que pudo haber ocurrido en la mañana del martes 25 de abril fue el resultado de una falla en la calidad del servicio. Pero me resisto a creer, como algunos han querido insinuar, que fue producto de una falta contra la ética y la moral de quienes laboraban en la unidad de pediatría de ese centro asistencial.

11 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

La calidad en salud es un término demasiado amplio que todavía no se ha definido. Son varios los elementos que entran en juego cuando se le analiza y diferentes las perspectivas según la óptica de quien lo escruta.

Para el paciente y la comunidad en general, la evaluación de la atención se concentra en la eficacia, el acceso fácil, las relaciones interpersonales y las comodidades relacionadas con el servicio. Ellos no siempre tienen claras sus responsabilidades en la materia y tampoco cuentan con el conocimiento necesario para evaluar la capacidad profesional en forma adecuada.

Para los trabajadores de la salud el término se relaciona con la autonomía que les permita hacer todo lo indicado para mejorar las condiciones sanitarias del paciente y la comunidad. Por eso los miembros del equipo concentran su análisis en la competencia profesional, la eficacia y la seguridad.

Para los administradores de los servicios por último la perspectiva de calidad se relaciona con el manejo de personal, el mejor flujo de los pacientes y el fácil ingreso a los servicios. De ahí que ellos pongan el acento sobre los conceptos de acceso, eficacia, eficiencia y habilidad profesional.

En consecuencia, los hechos se deben analizar bajo estas perspectivas Existía competencia profesional? Los procedimientos se manejaron con seguridad? Si se contaminaron los elementos con sustancias que no debían ser administradas a los bebés, cómo llegaron allá? Qué enfermedades padecían los niños? Esas son cuatro preguntas claves que con absoluta certeza permitirán encontrar una respuesta.

Ahora bien, quiero señalar que estas dudas se relacionan con la calidad y no con la ética. Por eso se debe tener cautela al lanzar juicios apresurados que, una vez generalizados, lesionan la honra del personal de una institución que viene en un esfuerzo constante por dar lo mejor de sí, y de un gremio con indudable vocación de servicio a la comunidad, que trabaja silenciosa y eficazmente en condiciones laborales que definitivamente no son las mejores sin que lo detengan los sacrificios personales y familiares que sus miembros se ven obligados a hacer.

El sector de la salud no se encuentra vacunado contra el relajamiento de los principios éticos y morales que golpea a toda la sociedad colombiana. Es posible que algunos trabajadores hayan trasgredido esos principios. Si ello se comprueba deben ser sancionados al igual que todo colombiano que haya roto con su condición de hombre de bien.