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A QUÉ GRUPO PERTENECES

Es cierto que madre no hay sino una, pero de diferentes clases... El siguiente recorrido incluye algunas anécdotas que, entre chiste y chiste, se acercan a la realidad; con él la idea es hacerles un simpático homenaje y de paso, recordarles que, sea lo que sea, siempre lo merecerán.

11 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

La sobreprotectora Este modelo de mamá quisiera ver a su hijito , que ya tiene cuarenta años, como un bebecito de dos.

Incluso en sus sueños, aquel hombre velludo y canoso aparece con pañales y corbata acostado en una cuna deseando con ansiedad su libertad, mientras ella lo retiene.

Para las madres sobreprotectoras no hay recomendación que sobre y la que no existe se la inventan.

Y si el hijo se interesa por alguna mujer, mami se pone alerta porque teme una invasión de su territorio .

La celosa Tiene cierta relación con la anterior. Son el terror de las novias, pero aún más, de los novios.

Cuando ellos llevan a alguna amiga a la casa, la vigilancia comienza con una inusual, pero estratégica, atención para la pareja.

Son expertas para interrumpir cualquier momento. Sus armas: un té, un café, una gaseosa (sin emparedado por que el motivo no amerita tanto sacrificio), o un jugo, obviamente de bolsita (por la misma razón).

Cuando las visitas son constantes, los niños -hijos menores, sobrinos, nietos... o los que estén a la mano- se transforman en los espías de ocasión.

La permisiva Es la mejor amiga de los hijos y su generosidad siempre es motivo de conflictos con el esposo, sobretodo a la hora de los permisos.

La condescendencia de las madres permisivas surge del efecto que les produce recordar, como dice la canción, que ...yo también tuve veinte años...

Para ellas, la vida hay que vivirla, pero siempre con la idea de las diversiones sanas y sin excesos.

Confían ciegamente en los hijos, quienes, en algunos casos, también aprecian el apoyo que ellas les brinda cuando llegan de rumbear a la madrugada y cuando dicen mentiras piadosas.

La desconfiada Esta madre nunca superará las alocadas experiencias de la adolescencia de sus hijos.

A pesar de que ellos están a metros luz de distancia, independientes, e incluso casados y con una nueva generación a cuestas, mami no les cree nada.

Si se van de vacaciones y la llaman para despedirse, ella duda de la veracidad del lugar de destino.

Pero eso no es todo. Lo mismo ocurre si se queda sin trabajo por causa de las desafortunadas políticas empresariales y laborales de este siglo.

Mamá tampoco come cuento y por el contrario, como en aquellos días de las escapadas del colegio, surgen sin contemplaciones un regaño y un fuerte jalón de orejas, con la frase que le da la estocada final a un trauma alimentado desde la infancia: el que es no deja de ser! .

La ejecutiva Es la típica todera . No es muy buena para la cocina, pero los fines de semana prepara una que otra receta.

De lunes a sábado reparte el tiempo entre el gimnasio, la oficina, los amigos, la familia, el club, las compras y la educación personal e intelectual.

Ella se inscribe a todos los seminarios, foros y talleres que organizan en su empresa y en otras entidades; además, está pendiente de sus hijos, no tanto como quisiera, pero de todas maneras pendiente, ya sea telefónicamente o por el celular que, como un cosmético más, forma parte de los elementos de su cartera.

La echada pa lante Como la mujer ejecutiva, no se vara por nada.

Son capaces de sacar adelante a los hijos y en algunos casos no dependen de su pareja ni económica, ni sentimentalmente.

Están al tanto de los asuntos de la casa, son autónomas en sus decisiones y, en la mayoría de los casos, se han hecho acreedoras a ese rótulo de echadas pa lante por su temperamento y por sus ganas de surgir laboral y personalmente.