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LO PREVISTO

En la segunda vuelta electoral, los imprevistos son escasos. Y así se volvió a probar en las elecciones presidenciales francesas. El centro derecha con Jacques Chirac ocupó el poder y sale el partido socialista, no por la puerta grande, pero sí con el respeto debido, que encarnó con Mitterrand, 14 años de poder y una era que preconizó éxitos de la izquierda en todo el mundo.

10 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Lo consiguió en parte y los socialistas en España, en Italia y en otras naciones del orbe obtuvieron los puestos destacados en los regímenes republicanos para comenzar a entregar sus posiciones, poco a poco, a partidos de centro o abiertamente de derecha. Algunos se burlan de Mitterrand, pero él es, sin duda, una figura digna de todo respeto. Su vida, agitada desde los tiempos de la ocupación a su país, se fue perfilando como la de un dirigente con la garra y la capacidad necesarias para dirigir a Francia. Lo consiguió y hoy se le ve, con admiración, entrar a la vida privada, después de dos períodos presidenciales.

Lógicamente ya no muestra la frescura de los días juveniles. Por el contrario, refleja el cansancio que ocasiona el haber llevado una intensa vida política de significado, diríamos, mundial. Con gesto valeroso combate un cáncer que muy seguramente lo llevará a la tumba en poco tiempo. Pero no se dejó dominar por el dolor, ni por el temor. Y trabajará así lo anunció hasta el último día de su mandato. Por eso, cuando le toque el turno de entrar en la galería de los muertos ilustres, lo hará bajo una aureola respetable, donde será fácil destacar su seriedad, su honestidad y la firmeza de sus ideas.

Aún recordamos la llegada de Mitterrand al poder, cuando un río de rosas rojas lo acompañó por las calles de París para celebrar, más que su victoria, la del arribo del socialismo al poder. Como mandatario saliente, golpeado por esos dolorosos avatares de la enfermedad, mirará hoy el futuro de Francia posiblemente con tristeza, pero con la tranquilidad del deber cumplido.

La gran nación gala libró una batalla electoral reñida, en momentos imprevista, pero fruto de una democracia admirable. Siguiendo la ley del péndulo, el centro derecha o la derecha derrotan en casi todo el mundo a sus tradicionales rivales de la izquierda.

Francia comenzará bajo Chirac, el veterano alcalde de París, no una serie de rectificaciones, sino a evaluar lo que se ha hecho, respetar lo conseguido y darle un aspecto social al mandato centrista. Celebramos en todo el mundo lo que ha ocurrido en Francia, porque para usar una frase de circunstancia se podría afirmar con toda certeza que hubo pocos derrotados pero sí un gran vencedor: la democracia francesa.