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TAREA LEGISLATIVA

Las determinaciones adoptadas por la Fiscalía General de la Nación en relación con algunos congresistas, y los enfrentamientos internos que se han presentado en el Partido Liberal durante los últimos días, entre otros factores, han generado un cierto ambiente de perplejidad y desconcierto dentro del Congreso.

10 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Ello es explicable, comoquiera que por estos días y por esas causas la mira de la opinión pública ha estado puesta sobre esa institución, con sentimientos que reflejan una actitud de animadversión que poco bien le hace a la cabeza de la rama legislativa y que la colocan en una posición defensiva, que la distrae de sus funciones esenciales referidas a la tarea legislativa y al control político.

Así las cosas, el Congreso enfrenta los retos de defender su prestancia, su credibilidad y su legitimidad corporativa, por una parte, y el de dar trámite cabal a las más importantes iniciativas legislativas que han sido sometidas a su consideración. No quiere esto decir que forzosamente deba aprobarlas. No. En su sabiduría y dentro del marco de su plena independencia habrá de decidir cuáles merecen convertirse en leyes de la república.

Sin embargo lo que el país espera es que estos episodios no paralicen la actividad legislativa. En momentos en que el Congreso tiene para su estudio, entre otros proyectos, la reforma tributaria, el estatuto de la administración de Justicia, el estatuto anticorrupción, la creación del Ministerio de la Cultura, el Estatuto de Ordenamiento Territorial y otras iniciativas de singular trascendencia, es imperativo que su dinámica logre superar las tormentas.

Sería injusto desconocer que en los últimos días han sido aprobados sin dificultad alguna proyectos tan importantes como el del Plan de Desarrollo. Los parlamentarios fueron justos al acoger este trascendental plan con estudio y con decisión para votarlo rápidamente, mostrando así una colaboración benéfica para el país entre los poderes Ejecutivo y Legislativo.