Archivo

AEROLÍNEAS PENSILVANIA

El año pasado, trece personas murieron calcinadas cuando se incendió la buseta en la que viajaban. La escena volvió a repetirse la semana anterior, dejando nuevamente un saldo trágico. Cuatro veces más en el último año han ocurrido hechos similares en los que los pasajeros lograron escapar ilesos.

09 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

En este nuevo caso, la explicación de la empresa a la cual estaba afiliado el vehículo, fue corta y contundente: las máquinas fallan y los riesgos de los pasajeros de busetas son los mismos que tienen los que montan en avión o en un trasatlántico de turismo . No lo creo. Al menos yo no volaría en Aerolíneas Pensilvania, ni tomaría un crucero con Sidauto.

Para fortuna de quienes vuelan o surcan los mares, existen empresas responsables que se ofrecen a transportarlos. Y aunque no se puede descartar un accidente, uno se monta en estos aparatos con confianza, tanto por el mantenimiento que se le da a las máquinas como por la experiencia y capacidad de quienes las capitanean.

En cambio, basta con mirar la mayoría de los buses, busetas y otras especies de colectivos que ruedan por Bogotá para constatar que son un peligro público. Primero, por el mal estado mecánico en que se encuentran, no solo porque la revisión es una farsa, sino porque se permite que circulen viejeras con más de 15 años de uso e, incluso, muchos llevan más de 20 años en las calles. La norma es verlos circular con llantas lisas. Si esto es lo que se ve, cómo estarán los frenos, la dirección o el sistema eléctrico? En segundo lugar, porque los choferes deben repicar y andar en la procesión. Manejan, recogen la plata y zigzaguean por entre el temido tráfico bogotano. Y lo que es peor, hacen estas maromas durante más de once horas diarias.

Por último, porque en ausencia de normas que obliguen a la utilización de vehículos con puertas y pasillos anchos, adecuados al transporte urbano, nos han inundado los buses escolares y las busetas y colectivos hechizos, en donde los pasajeros quedan apretados como sardinas enlatadas. Bajarse de uno de estos artefactos , que además siempre van con sobrecupo, es una verdadera odisea. Se imaginan en una emergencia? No necesitamos de la ayuda de Nostradamus para predecir cómo terminará la investigación del incendio de esta buseta. Unos tapándose con la cobija de los otros y todos echándole la culpa a la mala suerte . Porque si se llegara a aceptar que la buseta estaba en malas condiciones, la administración también habría fallado en su obligación de proteger a los usuarios. Pero, es que acaso la revisión de vehículos es algo más que un jugoso negocio? Nadie ha sido capaz de meter en cintura al transporte público. En cambio, los transportadores le metieron un gigantesco gol a los usuarios, aumentando las tarifas con la disculpa de prestar un supuesto servicio ejecutivo, con todo y sobrecupo. Los buses de tarifa baja están tan viejos, que ya como los fantasmas sólo aparecen de noche.

La manera de evitar más accidentes y reducir los trancones es acabar con la guerra del centavo , e iniciar la reposición del parque automotor, restringiendo las busetas, los microbuses y los ejecutivos e incentivando la entrada de verdaderos buses urbanos.

Mientras esto sucede, las ventanas de expulsión seguirán siendo el contentillo para los ciudadanos.