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SOMBRÍO PANORAMA PARA LA CLASE DEL 85 DE HARVARD

EL PODER y la gloria que disfrutaron los abogados de Estados Unidos a principios de los boyantes años 80, no acompañaron a la clase de 1985 de la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard.

09 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Aunque los flamantes abogados entraron al mercado laboral en el mejor de los tiempos, fueron azotados por la recesión en la peor etapa de su carrera.

La clase de 1985 sufrió un terrible sacudón , dice Leona Vogt, consultora de Cambridge, Massachusetts, que asesora a ex alumnos de Harvard. De hecho, según los expertos, la clase de 1985 en todas las facultades de Derecho fue afectada por los cambios como ningún otro grupo antes o después. Los egresados de la clase del 80 lograron hacerse socios de la firma en que trabajaban antes de que llegara la recesión. La clase del 90 y las que le siguieron ya no tenían las mismas expectativas.

Cuando los ex alumnos de la clase del 85 se reunieron para el tradicional décimo aniversario de la graduación, hace una semana, las historias de éxito fueron reemplazadas por una sombría realidad: muchos abandonaron las grandes firmas que antes los cortejaban. A otros les fue peor y no lograron asociarse, como esperaban, o fueron víctimas de la primera ola de despidos.

Es cierto que algunos pocos siguieron el camino tradicional y trabajan como socios de grandes firmas nacionales. Otros han logrado prestigiosos trabajos en el gobierno, los negocios y en el mundo académico. Y, como siempre, muchos estudiantes de Harvard y otras escuelas vieron su educación legal como un punto de partida o de refuerzo para carreras en áreas completamente diferentes.

Un ejemplo, aunque diferente, es el de Rubén Blades, ex alumno de la clase del 85 de Harvard. El cantante, actor y ex candidato a la presidencia de Panamá, dice: Yo ya tenía un álbum que era un éxito y fui a la escuela de Derecho por el desafío intelectual .

Pero para la mayoría, la situación fue muy diferente.

Nuestras heridas están a la vista , dice Ray Balestri, uno de los asistentes a la reunión. De los siete compañeros de curso que estaban en la mesa con Balestri, sólo uno es socio de la misma firma en que comenzó su carrera.

CUANDO BALESTRI se graduó a los 25 años, tenía más de media docena de ofertas de US$50.000 al año para trabajar en grandes firmas. Se decidió por una de Dallas, Texas, donde recibió aumentos de sueldo y generosos bonos. Pero seis años más tarde, todo pareció cambiar. Nos postergaron la posibilidad de ser nombrados socios , dice. Veía cómo a mis compañeros los despedían... De pronto me di cuenta que no tenía ninguna seguridad. Pensé: Me podría pasar a mí después, y todos los diplomas de Harvard del mundo no podrían salvarme .

Balestri y un colega abandonaron la firma para fundar un bufete. Hoy, además es dueño de un club nocturno y se siente más feliz y más libre que lo que nunca se sintió en la primera firma. Gran parte de los ex alumnos de la clase están enojados, dice la consultora Vogt. Se sienten atrapados y no ven hacia dónde se dirigen sus carreras . Muchos de ellos nunca habían experimentado el fracaso y pensaban que su diploma de una universidad del prestigio de Harvard sería una especie de renta vitalicia.