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OCIOLATRIA

Alta magia Sin duda alguna, uno de los espectáculos de alta calidad institucionalizados en la agenda nacional del ocio, es el Festival Mundial de la Magia, que desde sus comienzos ha sido notable por la gran destreza de los profesionales invitados y por la vistosidad que despliegan en sus presentaciones.

14 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Este año los magos se sobraron. El espectáculo que vimos en el Teatro Nacional de Bogotá, y que pronto recorrerá algunas de las ciudades del país, crea tal espacio de esparcimiento dentro de los ámbitos de la fantasía, infunde en el público tan auténtico sentimiento de maravilla colectiva, que al final, cuando todo el mundo se pone de pie y aplaude emocionado la actuación de los magos, da la sensación del regreso de un viaje de territorios que nos permiten recuperar la infancia, la ilusión y la paz, pisamos de nuevo la tierra temblorosa de la realidad, donde campean la violencia, la guerra y el miedo. En otras palabras, el Festival de la Magia es un gran recreo, un lugar donde son posibles las esquivas emociones de la felicidad y el sosiego.

Jasen Byrne, el mago canadiense, monta en escena un alarde tecnológico de muy alto vuelo, no solo porque de sus manos y aun de invisibles rincones del espacio, salen y aletean a todo momento palomas amarillas, sino porque de este lugar común en las artes de la ilusión emergen luces, sonidos, sombras y efectos que nos dan la sensación de formar parte de un mundo donde nos crecen las alas de la imaginación y nos comunican emociones capaces de sustraernos de la realidad; virtualmente volamos desde la silla de teatro donde nos hemos ubicado.

José Waldys es un francés, y Libero, un griego. Conforman la más osada pareja de magos carteristas que hayan pisado estas tierras de magistrales carteristas de verdad. Su espectáculo es una gran mezcla de habilidad y velocidad, amalgamadas de tal manera que inexorablemente se convierten en buen humor, porque en recorrido permanente por las butacas, por las filas y los pasillos del teatro, el par de prestidigitadores van sacando del bolsillo de los espectadores todo tipo de objetos: billeteras, collares, cadenas, llaves, anteojos, corbatas y cuanto Dios en su bondad les haya dado a las víctimas para cargar consigo. El teatro entero se da cuenta, pero no el afectado, de tal manera que se crea un ambiente de risa contagiosa que no cesa ni siquiera cuando llega el mago siguiente a cambiar el ritmo de la ilusión.

Ramblar y Reyben son argentinos e imponen, como el francés y el griego, la nueva modalidad de la magia, de trabajar en parejas. Magos de quitarse el sombrero y cómicos excelentes, poseedores del título de primeros en el concurso mundial de cartomagia expedido en Las Vegas, uno de los más importantes centros del género en el planeta. Hay que verlos para creerles y para reír con sus aciertos en el mundo de la fantasía.

Pero el espectáculo no termina, por supuesto. Hay más, mucho más: Víctor Vaykto, de Ucrania, pone a bailar en el aire todos los aparatos que utiliza para su número. La gente se relaja un poco y guarda alientos para las risas que vendrán luego, con otros de los hábiles artistas, que conjugan con notoria destreza su habilidad con las manos y los trucos, con el buen humor.

A Sony Fontana ya lo conocemos suficientemente en Colombia, porque desde el primer festival ha estado presente en la cita anual de los sueños. Es famoso en todo el mundo como uno de los mejores escapistas y como el mejor de todos los creadores de sombras chinescas, cuya ejecución deja realmente perplejos a los auditorios internacionales que frecuenta. A él se deben, por ejemplo, los galardonados efectos logrados en la película Drácula, de Francis Ford Coppola, y a él mismo la vida imaginaria de las sombras de personajes famosos como Frank Sinatra, Dolly Parton y Madonna, entre muchas figuras célebres que forman parte de su presentación artística.

Joaquín Ayala y Lilia López, de México, artistas permanentes en los teatros de magia de Las Vegas, introducen la tecnología de los rayos láser, las máscaras, los juegos pirotécnicos y el ballet, al cual incorporan técnicas de teatro contemporáneo para lograr la densidad de un bello espectáculo de nubes doradas, luces, fuegos reales y artificiales y abanicos de colores deslumbrantes, que configuran un espacio de diversión, muy cercano al ensueño.

Gustavo Lorgia, el nuestro, reconocido ya como uno de los mejores del mundo, es el broche de oro en la gran velada de la ilusión y el profesionalismo de la gente que inventa cada día el universo para que, como por arte de magia vivamos, siquiera por un par de horas, un mundo apacible que todos quisiéramos convertir en realidad. Muy buena también la animación de Marco Aurelio Alvarez. Y una pregunta, por qué tan cortas las temporadas de espectáculos excelentes como este, que mucha gente se queda sin disfrutar?