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EL DURO DEPORTE

El lloró con la victoria,/ y maldijo su destino/, porque conquistó la gloria/, pero se sintió asesino . Es una estrofa de una vieja ranchera mejicana, sobre una pelea de boxeo, que ya casi no se oye, porque más que todo está grabada en esas antiguas pastas de 78 revoluciones. Pero cobra vigencia en estos momentos, cuando el pegador barranquillero Jimmy García libra un combate, acaso pueda decirse que en condiciones desiguales, frente a la muerte, después de haber disputado el anhelado título mundial con el púgil mexicano Gabriel Ruelas.

09 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Se convierte en una nueva víctima de un deporte para valientes, rudo, violento y efímero; al que se llega con ilusión y se triunfa con sacrificio, pues el precio de la gloria se paga por lo general con sangre. Se dirá que ese es el boxeo, y que son casos fortuitos. Se alegará que humanizarlo un poco es quitarle atractivo, deslucirlo y hasta colocarlo en el camino de la extinción. Bueno, pero lo cierto es que vemos una víctima más, que subió al ring con la ilusión de ser grande, de conseguir prestigio y dinero; que deseaba traer, además de una corona para su patria, algún bienestar para los suyos. Hoy la tristeza y la preocupación embargan su hogar.

Ojalá de este nuevo combate que libra en cuidados intensivos, García salga airoso. Pero hay que pedir con firmeza que se mire este deporte más como una disciplina que como un negocio. Porque al parecer esta tendencia es causa de muchos sacrificios humanos.