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LAS NUEVAS DERECHAS

La bomba fabricada con nitrato de amonio y fue-oil, que destruyó el 19 de abril un edificio federal en Oklahoma City y causó más de 150 muertos, entre ellos una quincena de niños que estaban en la guardería, conmocionó a los norteamericanos y escandalizó a medio mundo. Porque fue un acto terrorista perpetrado por paramilitares gringos, integrantes de milicias de derecha que están germinando como maleza en la nación que se autoproclama adalid de la libertad y de la moral, máximo exponente de la democracia y ejemplo de respeto a los derechos humanos.

08 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Esos rebeldes sin causa ven al Estado como a su peor enemigo y contra el cual quisieran ejercer toda clase de violencias, incluida la ejecución de las figuras más representativas del establecimiento. Predican y practican el armamentismo y se oponen a que el gobierno controle o limite el sagrado derecho a portar armas, establecido en la Constitución.

Vestidos con trajes militares y exacerbados por fanáticos oradores que desde pequeñas emisoras locales conducen programas de radio que destilan fanatismo, racismo, sed de venganza e intolerancia, esas nuevas milicias que están presentes en al menos 45 de los 50 estados, se hicieron vivas con motivo del desastre de Oklahoma. Y resultaron protagonistas.

Gracias a la rapidez con que las autoridades se pusieron en la pista de los sospechosos puesto que a dos horas del atentado fue detenido por exceso de velocidad y por conducir sin placas quien resultó ser el miliciano que dejó el camión con la bomba frente al edificio se supo de inmediato que detrás de hechos tan atroces no había terroristas fundamentalistas islámicos, como muchos creyeron al principio, sino paramilitares gringos que en esa fecha, 19 de abril, conmemoraban con esa otra masacre el segundo aniversario de la masacre de Waco, Texas, cuando el FBI se tomó el complejo donde se atrincheraban, fuertemente armados, unos fanáticos de la secta davidiana, que murieron durante el combate. Así las muertes se reivindicaban con más muertes. Como en la Ley del Talión, era el ojo por ojo y diente por diente .

Las declaraciones de algunos de los integrantes de esas nuevas derechas neo-nazis, ku klux klan, skinhead y otras a propósito del atentado, fueron aterradoras. Un ex combatiente de Vietnam, director de un programa radial en Colorado, no tuvo inconveniente en opinar que la bomba fue una obra maestra de ciencia y de arte .

Ese acto terrorista, en pleno corazón de USA, en una ciudad sin mayor importancia, conmocionó al país que se sentía invulnerable. La horrible mezcla de fertilizantes y odio que detonó en Oklahoma City el 19 de abril es clara evidencia de algo que los norteamericanos han negado: la existencia de ideas paranoicas y violentas dentro de sus fronteras , dijo Time; al tiempo que Newsweek publicaba un mapa (mayo 1) en donde se observa que los extremistas están en todas partes.

Esta realidad estremecedora la estudian a fondo en USA y el gobierno se ha apresurado a multiplicar las medidas preventivas y a fortalecer las leyes antiterrorismo. Lo grave es que en el Congreso norteamericano tienen más amigos esos extremistas y Jesse Helms es un exponente que el presidente Clinton.