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MILLOS, CON EL SÍNDROME DE COPA

Millonarios sufre del síndrome de Copa Libertadores : a medida que avanza en el certamen surcontinental, le afloran esos rasgos de prepotencia, de poses sobradoras en el campeonato local.

08 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Por eso, aquello que se asomaba como una goleada en el primer cuarto de hora frente al Tuluá (2-0), puso a los albiazules a dormir sobre los laureles y terminó como una verdadera angustia. El visitante no solo llegó a la paridad 2 a 2, sino que pudo pasar de largo. En el último cuarto de hora, España, Arroyo, Hernández y Díaz estuvieron mano a mano con Cancelarich, pero no supieron definir.

No perdimos dos puntos, sino que ganamos uno , fue el sincero reconocimiento de Bonner Mosquera, al repasar el increíble desperdicio del Tuluá, especialmente en el minuto final cuando un goleador de la talla de Armando Pollo Díaz, con cerca de 150 tantos en su cuenta personal, totalmente fresco porque acababa de ingresar, se inventó un túnel sobre Osman López y cuando le salió Cancelarich se la cuchareó con tantas ganas que la bola salió por encima.

El 2 a 0 fue rapidito. Arranque de Carlos Rendón en la mitad, Harry Castillo le hace la función de pivot y el volante entra al área, elude a Jorge Leyva y no tiene problemas en embocarla, cuando la gente del Tuluá pedía un fuera de lugar. Corría el minuto 6...

Y a los 12, un tiro de esquina que ejecuta Rendón, abajo, se anticipa León, Leyva suelta y finalmente la pelota queda en Bonner que solo tiene que puntearla.

Estaba claro que Millonarios quiso definir el compromiso desde el pitazo inicial, aprovechando las pésimas condiciones del terreno, propicio para jugadores livianos y fatal para los pesados. Así llegó con facilidad y así creo otro par de oportunidades.

Pero, inexplicablemente, los albiazules se relajaron, ya no mostraron la fogosidad del comienzo, entraron en las arandelas y los lujos y cada cual quiso ir al frente a jugar su partido, a tratar de darse un festín frente a esa pesada defensa, olvidándose de responsabilidades primarias como es cubrirse las espaldas.

Tuluá, en cambio, frente a la debacle que se anticipaba, amontonó gente atrás y de a poco empezó a apoderarse de las franjas centrales. Cubierta la primera misión, la de no dejarse golear, inició el camino de la resurrección con los contraataques.

El primer golpe de gracia fue a los 25 minutos: Bonner Mosquera se queda protestando una supuesta falta cerca del área, el visitante sale rápido, toma Peña en el medio y coloca al vacío, al otro costado, en donde aparece Hernández. Sale Cancelarich y el delantero se la bombea . 1 a 2.

Y lo que era un intento de morir con honor se convirtió en una lucha cerrada, pareja. Primero porque ya a Millonarios no le salía una (suele ser el castigo en el fútbol), y segundo porque los tulueños estaban crecidos.

El segundo un golazo: anticipo en el medio de Baldovino (otra vez la perdió Bonner), el pelotazo a un costado en donde Peña le gana en fuerza a Domínguez y cuando el boliviano se arrima al área saca un taponazo que hace comba y se mete por todo el ángulo. Fue a los 14 minutos del complemento.

El resto fue la desesperación del local queriendo recomponer el caminado, pero a costa del máximo riesgo de descubrirse en defensa, lo que propició la feria del desperdicio del visitante.

Hay que recordar, cuando vuelva la Copa, que los partidos son de 90 minutos...