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SOL Y SOMBRA EN EL RUEDO ECONÓMICO

La evolución de la economía colombiana en los últimos meses ha estado caracterizada por áreas de sol y de sombra.

07 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Entre las primeras podemos mencionar el comportamiento relativamente satisfactorio del empleo, herencia positiva recibida de la administración anterior.

Debe registrarse igualmente la evolución de la tasa de cambio, donde se ha logrado una relativa recuperación de las preocupantes tendencias revaluacionistas que traíamos.

Hay que anotar también dentro de las áreas de sol, el hecho de que la junta directiva del Banco de la República por fin! haya resuelto mantener el crecimiento de la oferta monetaria dentro de los corredores monetarios adoptados por ella misma.

Esta es una novedad reconfortante después de cerca de tres años en que sistemáticamente se incumplieron las metas monetarias. Muy probablemente, si en 1995 obtendremos un resultado satisfactorio en el frente antiinflacionario, ello se deberá, más que a la fanfarria del Pacto Social, al manejo ortodoxo que se le viene dando a la política monetaria. Ya era hora.

En las áreas de sombra hay que colocar en primer lugar a la política de tasas de interés que ha sido un chasco. Al fin del año pasado se prometió que las tasas de interés bajarían. Se llegó inclusive a blandir la amenaza de controlarlas. No sucedió ni lo uno ni lo otro.

Y ya transcurrido el primer trimestre de 1995 vemos continuarse una estructura de tasas de interés que comienza a resentir al sector productivo y la calidad de la cartera del sistema financiero. No deja de ser preocupante el aumento de las noticias sobre concordatos; y es evidente que de prolongarse una situación como la actual el crecimiento económico de 1995 será mucho más modesto de lo que está pronosticado.

Pero desde luego el área, ya no con sombras, sino con mayores nubarrones de la política económica, sigue siendo el financiamiento del gasto público. Acá se pueden estar gestando las grandes tormentas macroeconómicas del futuro.

Digámonos la verdad: el gasto público en Colombia sigue creciendo a un ritmo desaforado. El Plan de Desarrollo prevé que durante este cuatrienio el gasto público agregado crezca a una tasa real promedio anual del 9,0 por ciento, mientras que la economía en el mejor de los casos crecerá al 5,5 por ciento anual. O sea, el gasto público va a crecer a un ritmo casi 60 por ciento más rápido de lo que lo hará la economía.

Durante los primeros tres meses de este año (excluyendo el servicio de la deuda) el gasto público creció un 40 por ciento con relación al mismo período del año pasado.

El Salto Social se consuela piadosamente de este crecimiento diciendo que existen otros Estados latinoamericanos que gastan más, y cuyo tamaño relativo es aun mayor. Pero eso no es ningún consuelo.

Por esta razón, después de implementar la reforma tributaria, y luego de ejecutar las privatizaciones proyectadas, el presupuesto del gobierno central continuará registrando un déficit sistemático en los años venideros que fluctuará entre 3 y 4 por ciento del PIB por año. Para financiar ese déficit el gobierno central tendrá que recurrir masivamente al crédito interno (tanto del público como de empresas estatales excedentarias), toda vez que para preservar la tasa de cambio ha resuelto con buen juicio hacer uso moderado del crédito externo.

Según las proyecciones disponibles el saldo de la deuda interna del gobierno nacional pasaría de 3,3 billones de pesos al terminar 1994 a 11,7 billones de pesos al finalizar 1998. Es decir, casi que se cuadruplicaría el volumen de la deuda interna durante el presente cuatrienio. Como proporción del PIB pasaría de representar 6,24 por ciento en 1994 al 9,93 en 1998. Aumento impresionante.

Este incremento del endeudamiento interno gubernamental, además de desplazar al sector privado y de mantener una presión alcista sobre las tasas de interés, entraña un nuevo chiste , exactamente del mismo talante del que le reprochaba recientemente el Ministro Perry al ex ministro Hommes.

En efecto, parte considerable de los gastos del Salto Social (que también tienen carácter permanente) se van a financiar con recursos provenientes de excedentes transitorios de empresas estatales, como por ejemplo, los que el gobierno pretende tomarle prestados al Instituto de los Seguros Sociales.

Tales excedentes tienen un carácter estrictamente transitorio. Cuando el gobierno deba devolverlos, el gasto público que habrá puesto en marcha quedará igualmente desfinanciado. Y claro, vendrán nuevas reformas tributarias.

Esa será la consecuencia (cargada de humor negro) del insaciable crecimiento del gasto público que trae el país.