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FRANCIA EN MANOS DE LOS INDECISOS

La jornada de reflexión para la segunda y decisiva vuelta de las elecciones presidenciales francesas se celebró ayer en un ambiente de incertidumbre por la escasa diferencia en intenciones de voto que separa al socialista Lionel Jospin y al conservador Jacques Chirac, quien llega a las urnas un leve margen de favoritismo.

07 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Unos 40 millones de franceses decidirán hoy entre el Jospin, de 57 años, y el Chirac, de 62 y actual alcalde de París, al sucesor de Francois Mitterrand, quien gobierna a Francia desde hace 14 años.

Para el alcalde de París que concurre a una elección presidencial por tercera vez -favorecido ahora en los sondeos-, un tercer fracaso arruinaría su carrera política de 30 años, en la que llegó a ocupar dos veces el cargo de primer ministro.

En cambio, su oponente, hasta enero un segundón de la política con una única experiencia como ministro de Educación, una derrota no sería tan grave, pues pese a su anonimato fue capaz de remontar durante la campaña la desacreditada imagen de los socialistas hasta convertirse en serio retador de Chirac.

Tras haber vencido en la primera vuelta contra todo pronóstico a su oponente conservador y de pasar de seguro perdedor a revelación , el índice de popularidad de Jospin creció en la última semana hasta niveles que sembraron el pánico en el equipo de Chirac.

De ahí que no resulte extraño que el aspirante conservador centrase su mitin final el viernes en Lyon en advertir a sus seguidores de que nada se ha ganado aún y en alertar de que el peligro real de un tercer septenio socialista no ha sido conjurado.

Antes de que a medianoche del viernes se cerrase la campaña para dar paso a la jornada de reflexión previa, Jospin -crecido por los 40.000 simpatizantes que congregó la víspera en Toulouse, su feudo electoral- se desplazó a la región de Alsacia, donde el ultraderechista Le Pen ganó en la primera vuelta.

El voto lepenista (un histórico y nada despreciable 15,7 en la primera ronda), el alto porcentaje de indecisos (22 por ciento) y el sufragio del 20 por ciento que se abstuvo en la precedente ronda serán, según los analistas, determinantes en el escrutinio de la decisiva votación.

Chirac confía obtener el respaldo de la extrema derecha y a los demás opositores al tratado de Maastricht, al reanudar su propuesta de un referendum sobre las grandes reformas europeas. Si lo logra, superaría con facilidad a Jospin. Sin embargo, las disciplina de la derecha a la hora de ir a las urnas no es del todo confiable.

Por eso ayer sábado el candidato neogaullista se reunió con su antiguo rival en la carrera al Elíseo, el primer ministro Edouard Balladur, para sellar simbólicamente su reconciliación. Un gesto que no tuvo otro objetivo que tratar de capturar al 18 por ciento de electores que votaron por el primer ministro en la primera ronda electoral, hace exactamente 15 días.

El candidato neogaullista expresó, tras su reunión con Balladur, su agradecimiento al primer ministro por el apoyo que le ha prestado desde entonces.

Según los analistas, el encuentro era fundamental para reforzar la imagen de cohesión de la derecha francesa de cara a la segunda vuelta electoral.

La prensa toma partido El diario de izquierda independiente Libération opinó ayer que Jospin ya ha ganado, incluso aunque pierda al convertirse en el nuevo líder de la izquierda, mientras que Chirac puede perderlo todo si resulta vencido, pues sería su tercera derrota en unas elecciones presidenciales.

Por su parte, el diario conservador Le Figaro muestra en cambio la fotografía de un Chirac victorioso en su último mitin, frente a un Jospin más sobrio, y titula: Los franceses ante una elección crucial .

El peligro Jospin , titula su editorial este periódico que invita a los electores a pronunciarse por Chirac y les pide respetar su voto de hace dos años, al hacer coincidir el ejecutivo con el legislativo , en alusión a la mayoría obtenida por los conservadores en las dos cámaras del Parlamento.

El rotativo popular Le Parisien destacó el suspenso de esta decisiva votación y considera que el final de la elección permanece incierta. De nuevo son los indecisos, todavía numerosos en la víspera del escrutinio, los que decidirán .