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SOY UNA ASPIRADORA DE DATOS

Sólo en un instante de su presente unió lo que sin saber sería su frustrado pasado con su exitoso futuro.

06 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Fue en esos días cuando Alma Guillermoprieto escribía reseñas de danza para la revista semanal Proceso de su México natal. Comentaba lo que otros hacía en un campo en el que ella estaba invirtiendo todas sus energías pero en el que no brotaban los resultados que esperaba. Quería ser bailarina y aunque perteneció al Ballet Nacional de México y estudió con Martha Graham y Merce Cunningham en Nueva York, no lo logró.

Finalmente me reconcilié con el hecho de que no reunía las condiciones necesarias que se necesitan para responder a una disciplina tan exigente . Asumirlo fue un proceso doloroso y hasta depresivo. Dejar la danza a los 30 años le creó la sensación de que no había nada más que hacer que valiera la pena.

Un año demoró en encontrar su futuro. Y para hallarlo no tuvo que luchar y batallar tanto como lo hizo con la danza. La suerte remplazó al esfuerzo y un encuentro casual desplazó la búsqueda. Es más, se encontró con el periodismo en el lugar menos esperado: Nicaragua.

A este país centroamericano llegó por una extraña atracción: el derrocamiento de Somoza. Quería ver de cerca lo que tanto me emocionó al ver por televisión, y presenciar una cosa que me parecía tremendamente eufórica .

Al día siguiente de su llegada estaba escribiendo crónicas sobre el tema para el diario inglés The Guardian. Un amigo le consiguió el trabajo que la ha mantenido viajando por América Latina durante los últimos 16 años.

Libreta en mano Alma Guillermoprieto pasa de Argentina a Brasil, de Brasil a Panamá, de Panamá a México, de México a Bolivia, de Bolivia a Colombia...

En cada uno de estos países ha vivido mínimo un mes, el tiempo que considera necesario para recoger todos los datos posibles y escribir las cerca de 40 cuartillas que envía desde donde esté a la revista The New Yorker, en la que trabaja actualmente.

Cubrir acontecimientos como elecciones, derrocamientos o conflictos políticos o civiles son hechos que la mantienen activa, así como el problema del sicariato en Medellín o los basureros de México.

Esto significa caer en un lugar de improviso y que no conozco, con poco tiempo e información para tratar de entender y hacer entender lo que sucede de una manera que sea lógica, dramática y narrativa para el lector. Soy una aspiradora de datos.

En este intento hay muchos latinoamericanos que la critican. Aunque el rigor en la información es el eje central de sus artículos y una política de la revista hay quienes sienten que los hechos que presenta, generalmente poco positivos, no ayudan a la imagen de los países que intenta describir.

Yo podría dedicarme a hacer un artículo sobre la exportación de flores en Colombia, pero me parece que lo que preocupa y marca a los colombianos no son las flores. Lo que hay que resolver en Colombia, en Brasil y en México es el problema de la pobreza, de la injusticia y de la desigualdad.

Sobre esos temas giran 13 crónicas, de las que ha publicado en Estados Unidos, que conforman su libro Al pie de un volcán te escribo que presentó en la Feria del Libro.

Yo sí veo mi papel como el de una traductora. Yo soy una persona bilinge y de alguna manera también pertenezco a dos culturas, Entonces tengo la capacidad de entender los dos puntos de vista. Y creo que mi oficio es traducir a América Latina para Estados Unidos.

Esta mujer que se dedica durante cuatro semanas a leer periódicos y revistas atrasadas, a hablar con la gente, a caminar por la ciudad donde se encuentra y dibujar lugares y situaciones no pretende hacer literatura con sus notas. Sabe que es reportera y eso implica dar sólo información.

Y que una nota sea eso, información, necesita de una semana de mucha dispersión y pocos minutos de concentración.

Necesito todas las ayudas habidas y por haber. Como demasiado, aunque fumo poco de repente fumo demasiado, me paro, me siento, voy, vuelvo, apago el computador, me desespero, llamo a los amigos, pierdo el tiempo y por ahí en algún momento hay algún encarrete que me permite escribir 45 minutos seguidos y eso ya me parece que fue un logro.