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PANORAMA BRASILEÑO 1962-85

Con El pagador de promesas el cine suramericano conquista por primera y única vez la Palma de Oro del Festival de Cannes (Salvador de Bahía se vuelve un escenario delirante del barroco afro-brasileño y su sincretismo religioso adquiere significaciones dramáticas). Garrincha, la alegría del pueblo (1964) sitúa al documental etnográfico y social dentro de los parámetros del mundialmente reconocido cinema novo en donde el fútbol se desacraliza y un gran ídolo revela sus contradicciones frente a la cámara.

05 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Basada en la obra homónima del controvertido dramaturgo Nelson Rodrigues, La fallecida (65), plantea algunos deslices de la vida conyugal carioca, cuyos esquemas frívolos y crueles pueden obedecer a los de la fotonovela pero con agudo sentido desmitificador. El bandido de la luz roja (68), cinta policíaca del movimiento udigrudi versión paulista del Underground comulga con un género en boga que explora las vulnerabilidades de un sistema represivo. Macunaima, de Joaquim Pedro de Andrade marca un hito cuando traslada los mitos del Amazonas al sur del país.

Después del éxito arrollador de Doña Flor, Bruno Barreto dirige Amor bandido en 1978 como una fábula que combina el detectivismo y la corrupción sin salir de casa. En la boca del mundo (79), vivida por el actor y director Antonio Pitanga, un triángulo playero desemboca en tragedia pasional con el fondo musical de Caetano Veloso y la sensualidad de sus protagonistas. Bye, Bye Brasil, según Carlos Diegues, pone de manifiesto el rigor escénico de una expresión vital que recorre medio país en busca de nuevas sensaciones.

Glauber Rocha, poeta subversivo y visionario, culmina su monumental filmografía con el grito cuasiapocalíptico y testamentario de La edad de la tierra, en 1980. Su asistente de dirección, Tizuka Yamasaki, recoge los testimonios de la inmigración japonesa de sus abuelos y recrea el choque cultural de dos mundos tan distantes en Gaijin, caminos de libertad. Del lamentablemente desaparecido León Hirszman, reivindicado por el Festival de Venecia, Ellos no usan corbata negra (83) se refiere en términos neorrealistas a la cotidianidad obrera paulista.

Para finalizar esta excepcional muestra que durante 20 días consecutivos presenta la Cinemateca Distrital, en colaboración con el sector cultural de la Embajada del Brasil en Bogotá, La hora de la estrella (1985) es una introspectiva mirada al mundo desolado de una mujer provinciana que enfrenta la soledad y los deseos frustrados de la gran ciudad. En efecto, la señora Suzana Amaral realizó un sueño que se creía irrealizable: poner en escena una difícil novela de Clarice Lispector y obtener en La Habana el premio Coral a la mejor nueva cinta latinoamericana.