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POESIA ELITISTA O AL ALCANCE DE TODOS.36 MILLONES DE POETAS

María Mercedes Carranza nos quiere hacer reír y lo consigue. En el editorial de la última Revista Casa Silva (aparecido en LECTURAS) expresa en voz alta un deseo: que cada uno de nuestros 36 millones de compatriotas se vuelva poeta... Y que haya pronto en Colombia una casa de poesía en todos los municipios, en cada barrio y vereda . Lo que nos faltaba: la demagogia poética.

07 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

No está mal como plataforma para un posible ministro de cultura. Gracias al cielo que este arranque no le dio a Carranza cuando era constituyente pues, de lo contrario, el artículo primero de la Constitución sonaría así: Colombia es un Estado social de derecho organizado en forma de República de poetas . Y el 36: El Estado promoverá y financiará casas de poesía Silva en cada pueblo, en cada barrio, en cada vereda (y de ser posible en cada cuadra) .

Si no la interpreto mal, esta irrefrenable sed de poesía tiene que ver con la firme creencia en que la escritura de versos es una especie de terapia social. Para ella la poesía no solo es una dimensión esencial del alma , sino que además proporciona a nuestra golpeada sociedad horizontes de justicia, de amor y de vida, que se convierten en una alternativa de la cuota cotidiana de sangre y de la acelerada degradación moral . Como quien dice que la poesía es una especie de elíxir de bondad y los poetas, unos bondadosos redentores de la sociedad. Por un lado están la violencia, la sangre y la inmoralidad. Por el otro, los poetas.

Hago notar, por lo pronto, que el ejercicio de la poesía no exime del insulto ni del mal gusto. Carranza, veterana poetisa, me acusa en su editorial de portarme igual que el perro: orinando alrededor de su territorio . Y el largo ejercicio con los yambos tampoco le ha dado la virtud de la veracidad pues me atribuye frases que jamás he dicho: que para salvar a nuestra sociedad hay que acabar con los poetas silvestres. Mentira. Qué voy a hablar yo de la sociedad , si ese es precisamente el motivo de la discordia: Carranza cree que la poesía proporciona horizontes de justicia social y previene la degradación moral de la sociedad. Yo no.

La gente no es buena poeta, ni buena a secas, por el hecho de escribir versos o por el hecho de tener alma de poeta (que no sé qué será). La misma Carranza lo admite implícitamente al arremeter contra una poetisa, colega suya, Piedad Bonnet, quien ha escrito dos libros bellísimos de poesía. Y sin embargo Carranza, en el tono más destemplado y autoritario, la regaña. Se ve que para la directora de la Casa Silva, los poetas son buenos y salvarán al país de su degradación moral siempre y cuando estén de acuerdo con ella (...) Demagogia poética? En la historia de la literatura abundan los poetas y escritores que son a la vez excelentes artistas y pésimas personas: Céline fue antisemita y pro nazi y eso no le quita que haya escrito grandes libros; algo parecido puede decirse de Pound y sus inclinaciones fascistas (...) Barba Jacob, buen poeta sin duda, era tramposo y le vendía su pluma al mejor postor entre los tiranos mexicanos o los dictadorcillos centroamericanos. Francois Villon fue bandido, ladrón y hasta llegó a matar un cura, lo cual no le quita el título de gran poeta de Francia ni la verdad de haber revolucionado la poesía de Occidente. La RAPP, una asociación soviética de poetas, ayudó a mandar a Siberia o al exilio a no pocos escritores disidentes.

En fin, ejemplos habría muchos más, pero voy a terminar con uno de los más recientes. Hace pocos años un asesino austríaco escribió en la cárcel un libro al parecer excelente. Sorprendió tanto que muchos poetas e intelectuales de ese país pensaron que alguien que escribía tan bien no podía ser mal tipo. Le consiguieron un indulto y lo soltaron. El gran artista, recién salido, mató a otras dos personas. La idea de que la gente es buena por el hecho de escribir versos, ya se ve, no es una bobada original de la Casa Silva.

El otro asunto es si todos los que quieran escribir versos lo pueden hacer. Hombre sí, claro, no faltaba más. Y todos los que quieran hacer sumas y restas y resolver acusaciones diferenciales, que lo hagan. Otra cosa es que por el hecho de intentarlas los gradúen de matemáticos. Que es lo que hacen aquí varias instituciones y publicaciones: gradúan de poetas a los que intentan versos. Como tal mujer o tal pobre hombre viven debajo del puente y escriben en español renglones cortos, hay que publicarles sus escritos y organizarles un recital. No digo que no. Digo que si esto se hace por pesar, dadas las circunstancias y porque es lo políticamente correcto, no estoy de acuerdo. Eso es paternalismo demagógico y el primer engañado es el señor del puente al que le hacen creer por un instante que es lo que no es. Ahora, si los renglones cortos son excelente poesía, no solo les deberían armar un recital sino sacarlos del puente y llevárselos a vivir a un cuarto de la Casa Silva.

Ahora bien, si María Mercedes Carranza y otros poetas benefactores han encontrado que la poesía puede ser un medio eficaz de reinserción social, magnífico. También los cardiólogos se dieron cuenta hace tiempo de que un ejercicio como el de la acuarela puede ser excelente para los afectados por infarto. Mientras se les cicatriza el miocardio los ponen a pintar. Pero en los museos, en la galerías y en las academias de bellas artes no entran los cuadros de los infartados, por pesar o dadas las circunstancias . Entran si se halla un talento desconocido, novedoso, interesante.

Show cultural Sin duda este uso de la versificación como terapia social es importante, pero los artículos de Carranza que resaltan esta cuestión se verían mejor en una publicación especializada en sociología o en terapia ocupacional. Poco tiene que ver con el arte poético. Insisto, para terminar, en la tesis de mi artículo Poetastros de la poetambre que tanto la ofendió. En Colombia vivimos una gran explosión demográfica de poetas silvestres, o mejor, de autopoetas. Es decir, de personas que, como por generación espontánea, se van proclamando poetas. Lo de silvestres no alude a Silva, como parece creer, ofuscada, la directora de su casa, sino a la selva, a lo salvaje, a lo que crece sin cultivo. Esta falta de cultivo en el ejercicio de la poesía, al menos como programa, me parece demagógico.

Además, creo que tiene un riego (un riesgo estético, no social) ya que esta poesía, aparentemente fresca y espontánea, no hace más que reproducir clichés de lo que se considera poético. El armamento artístico de los poetas silvestres suele ser un inventario repetitivo de lugares comunes (en el léxico, en las ideas, en la combinación de elementos, en la misma emoción). Por eso insisto, como sostuve allí, en que lo que hacen los buenos poetas es oponerse con todas sus fuerzas al mal poeta que todos llevamos dentro. Todo el mundo manosea las palabras; cuando un buen poeta las usa, estas parecen nuevas, recuperan toda su carga de significado.

La demagogia poética, por el contrario, con su masificación de la poesía, lo que hace es halagar, adular al mal poeta que llevamos dentro. Sus espectáculos repiten un sonsonete ingenuo: Yo soy poeta, tú eres poeta, él es poeta, nosotros somos poetas, todos somos poetas, este gran evento es poesía, todo es poesía . Los que sentimos desconfianza por esa trivialización del arte verbal parece que, por el hecho de sostener esto, estuviéramos a favor de la violencia, de la degradación social y de los sicarios.

Eso es ridículo y en vez de recibir insultos nos gustaría leer argumentos. Porque lo que sigue en pie, después de la rabia de Carranza, es la misma sospecha, la misma duda: sí será cierto que esa extraordinaria promoción de poetas, de poemas, de libros, folletos, revistas y actividades poéticas, sí será cierto que encierran poesía? O no será más bien un nuevo espectáculo montado por nuestra sociedad de masas que todo quiere convertirlo en un show multitudinario, financiado por la publicidad de la empresa privada, en parte, y en parte subsidiado por la burocracia de Estado?