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EN LAS MAÑANAS LA FERIA ES DE LONCHERA Y MORRAL

De los altoparlantes de la Feria Exposición salía suave la voz de la brasileña Elis Regina cantando Aguas de marzo, como una advertencia de que la lluvia, en pleno mayo, no demoraría en aparecer ayer en la VIII Feria del Libro.

03 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Claro que no se necesitaba mucho de esta pista en Bossa Nova pues bastaba con mirar el plomizo color de los nubarrones en el cielo para pronosticar, a la fija, un aguacero.

Desde muy temprano una llovizna constante, aunque no muy fuerte, acompañó el recorrido de los colegios que, literalmente, en las mañanas se toman los pabellones y salones que conforman esta gigantesca librería que es la Feria.

Cuando Corferias abrió ayer sus puertas, a las diez de la mañana, los colegios fueron llegando uno tras otro y las faldas escocesas, las medias blancas, los busos de lana, los sacos de paño con corbata y las sudaderas, se apoderaron durante un par de horas de los stands. En las mañanas, la feria se pone el uniforme colegial.

Los estudiantes, junto con sus profesores, ojean y repasan algunas hojas de los textos que tienen a la mano a su paso por los diferentes expositores. Sin embargo algunos colegios, especialmente los distritales, tienen plan fijo pues apartaron su cupo en los talleres del pabellón infantil o en el pabellón juvenil, un nuevo experimento que se ensaya en esta versión de la Feria. (Ver página 2A).

Por las máquinas registradoras de la entrada pasan desde los pequeñines de los primeros grados de la primaria, hasta las señoritas que se doblan la falda por encima de los reglamentarios cuatro dedos arriba de la rodilla y los jóvenes de morral al hombro que ya pintan bozo.

Los chiquilines, muchos de ellos armados con sus loncheras, entran en estricta fila india, a la voz de no se suelten de las manos que dan sus profesoras, y con algo de temor se introducen en el mundo de los libros y las ilustraciones. Los más grandes, luego de hacer el recorrido dejándose ver del profe , terminan en pequeños grupos que se dan una vuelta por los 23.000 metros cuadrados de exposición.

No importó la llovizna ni el frío de la mañana. Los muchachos ni siquiera corrían de una pabellón al otro para escapar del agua o buscar escampadero. Muchos prefirieron buscar una gaseosa y algo de mecato y sentarse en los locales de comidas rápidas para dejar pasar los minutos, mientras que otros buscaron la diversión en el Salón de la Caricatura.

Ahí están pintados Algunos estudiantes coinciden en señalar que la muestra de los caricaturistas e ilustradores fue lo que más les llamó la atención de esta Feria del Libro.

En el Salón de la Caricatura los pelados se movían a su gusto pues no solamente se encontraron con llamativos afiches, cuadros e ilustraciones, sino que posaron para que les hicieran sus caricaturas o su figura en plastilina.

La muestra del trabajo en plastilina es sin duda una de las que más impacto causa dentro de los colegiales que asisten a la feria.

Los estudiantes de primaria, por su parte, se terminan pidiendo las ilustraciones de héroes y personajes intergalácticos que los miran desde las paredes.

De la exposición en general, los muchachos muestran, igualmente, su interés por revistas, afiches y materiales informativos sobre música, especialmente de Rock....