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PLAN NACIONAL DE EMPLEO

Con gran expectativa se aguardaba la presentación del Plan Nacional de Empleo por parte del Presidente de la República, pues este frente se constituyó desde su propia campaña en uno de los pilares fundamentales de su programa de gobierno.

02 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

En efecto, la aproximación al tema del empleo, tal como ha sido planteada por el Presidente, está asociada con una necesaria confluencia entre las medidas compensatorias encaminadas a remontar la deuda social con los más pobres, por una parte, y el conjunto de instrumentos para estimular el desarrollo productivo de Colombia y el crecimiento económico, por la otra.

Así, el Plan Nacional de Empleo pretende crear en el presente cuatrienio más de 1.500.000 nuevos puestos de trabajo, entre los cuales 200.000 deben provenir de la estrategia de modernización industrial, 116.000 de la construcción, 333.000 del comercio, 513.000 en servicios privados, 224.000 en el sector agropecuario, 157.000 en servicios del gobierno y 9.000 en servicios públicos domiciliarios.

Los propósitos están claros y se resumen con toda precisión en el mismo nombre del documento Conpes que aprobó el Plan: Más y mejores empleos . Son inobjetables. No sólo se requiere acelerar la dinámica generadora de empleos, sino que además se necesita calificar aquellos que se creen de manera que tengan la connotación de puestos que produzcan riqueza y crecimiento y no simplemente, ocupaciones marginales, esporádicas o subempleos.

Sin embargo, habida consideración de la evolución de las cifras históricas sobre empleo, de las actuales circunstancias que deben enfrentar los industriales y los agricultores, de las elevadas tasas de interés, de las condiciones de acceso al crédito, de la proyección del mercado financiero, de las limitaciones institucionales del Sena, de las barreras para la llegada de nuevos capitales, entre otras cuestiones, el Plan se recibió con cierto escepticismo entre distintos gremios.

Asimismo, y sin desconocer sus bondades, hubo reacciones enfrentadas en relación con el plan de becas de mantenimiento para quienes ingresen en los programas de capacitación para el trabajo en el Sena y con la concesión de un subsidio de desempleo a razón de 50.000 pesos mensuales para 123.000 personas.

Estas estrategias, aun cuando difícilmente pueden encontrar objeción conceptual en un país que quiere avanzar hacia esquemas más equitativos, sí deben ser confrontadas con la traumática implantación que se ha presentado en otras naciones cuando las condiciones macroeconómicas, las realidades institucionales o los mecanismos de focalización y selección de la población beneficiaria no son los más adecuados.

El Plan del presidente Samper debe recibir toda la colaboración y dejar los colombianos, expertos o no en el tema, ese pesimismo negativo, que es tan propio cuando se comentan las iniciativas oficiales. El intento del Presidente para combatir el desempleo tiene excelentes bases, puede no ser perfecto, porque eso es casi imposible. Mas la ciudadanía colaboraría, y en mucho, dándole respaldo y facilitando el desarrollo de las ideas oficiales en un tema tan importante para la tranquilidad nacional.

Combatir el desempleo es hoy la tarea primordial de cualquier gobierno. El de Colombia ha dado un paso audaz. Y si en ese trayecto nuestros compatriotas ponen buena voluntad, mucho se habrá avanzado.