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LAS VERDADES DE LA METÁFORA

La literatura es un lugar donde se tocan todas las músicas, todos sus registros. Eso es lo que va a permitir que vaya más allá de los lugares que la sociedad le da .

02 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Hay una historia que Ricardo Piglia cuenta que le contaron a él: En la época de la dictadura militar, alguien dijo que otro había visto en una estación de un suburbio pasar un tren con féretros que iban al sur .

En medio de la guerra, alguien narraba esa historia, quizás inventada por el otro , y que para Piglia condensa lo que estaba pasando: un país con muertos en sepultura, un país que empezaba la guerra de las Malvinas, como si mandara los cajones para los muertos futuros. De dónde salió? No sé .

Algunas de esas historias nacidas quién sabe dónde le abrieron la puerta (o por lo menos circulan por sus páginas) a los libros de este autor argentino. Desde Respiración artificial, la novela que más lo identifica y, para muchos críticos, una de las mejores en América Latina en las últimas décadas, hasta una reciente, La ciudad ausente, pasando por los relatos y novelas cortas de Prisión perpetua.

Cuántas historias se contarán en un día en una ciudad y cómo serán? , se pregunta Piglia. Muy entre líneas, sus libros arrojan esas historias, cuentan voces. Es lo único que el escritor tiene que aprender. No hay nadie que no tenga una historia para contar .

Con el tango, por ejemplo, Piglia tiene historia: como media Argentina, él se aprendió las canciones de manera espontánea, natural , dice. No había televisión, así que el arrabal lo llenaba todo. Su madre cantaba los tangos y su padre los oía. Todo cambió un día cuando en un picnic de primavera una muchacha lo puso a escuchar algo extraño: Elvis Presley. Y a bailarlos aprendió de adulto, siempre que iba a Estados Unidos, a París, me invitaban a bailar tangos y tuve que aprender a hacerlo .

Sin embargo, la obra de Piglia no reproduce historias. La aventura literaria apunta a un norte más completo, y complejo, si se quiere. Ahí es cuando la metáfora, alegoría múltiple de la realidad y recurso perpetuo de la literatura, cuenta más que la misma historia.

Cuando escribí Respiración artificial, que era la época de los militares y de la gran represión atroz en la Argentina, a comienzos de los años ochenta, muchos pensaron que su metáfora estaba escrita como una estrategia mía contra la censura, pero la verdad es que no fue así. La literatura siempre ha dicho las cosas de una manera metafórica, elíptica, alusiva... Esa es la literatura que a mí me interesa.

Yo hubiera escrito ese libro del mismo modo, aunque hubiera estado en el exilio o en una situación diferente. De modo que más bien pienso que la literatura de ficción nombra la realidad de una manera propia. Me interesa más, no tanto el modo como la realidad aparece en un texto de ficción, sino el modo como la ficción aparece en la realidad. El modo como lo imaginativo y lo novelístico tienen efectos en la realidad. La realidad está muy estructurada con las narraciones. Vivimos en un mundo donde pasan muchas cosas y una de ellas es contar historias .

Un Génesis narrador Ricardo Piglia tiene un modo para entender la literatura y éste es el de buscar la forma cómo la novela construye un mundo paralelo al de la realidad. El principio no está en la realidad, tampoco en la ficción. Más bien, en la narración.

Yo creo que una de las cosas primeras en la historia es la narración señala. Muchos dicen que el lenguaje humano se constituye como tal a partir de la posibilidad de contar historias. Y que la particularidad del lenguaje se da con esa posibilidad de construcción imaginaria de la realidad. Seguramente el primer narrador que salió de la aldea fue el adivino, que vio cómo iba a ser el futuro y, sobre eso, construyó una historia. La narración acompaña la historia de todos. Tenemos un imaginario y eso es lo que nos da identidad. La narración forma parte de la constitución de la vida personal. Y es una demanda que uno recibe continuamente. Los escritores tomamos algunas de esas narraciones que circulan .

En la obra de Piglia, las historias son un puente. Un lugar que conecta a la literatura con la realidad. Las historias sirven de intermediario entre la realidad cruda y la literatura . Hay un interés en todo esto: el de preservarlas a través de la literatura. Es el modo de estar conectado con la época. No quiere decir que uno salga a buscar esas historias, sino que hay que estar muy en sincro con esas historias. Por ejemplo, tengo la hipótesis de que el Estado narra, construye historias para generar ciertos consensos. Los medios, la política, la gente en su vida cotidiana, las mujeres... todos tienen historias diferentes .

Es una forma de resistencia? Uno podría imaginar que hay historias que resisten o que cuentan la verdad en contra de lo que está diciendo en ese momento la ficción que construye el Estado. Contra toda la masacre de historias personales, la gente resiste.

Literatura como resistencia? En este sentido sí. Es una resistencia que tiende a construir espacios alternativos que no son directos, pero que tienen qué ver con crear una realidad que no esté tan manipulada. La gente construye, por ejemplo, otras historias del amor, que tratan de resistir ese modelo estúpido de lo que se supone es una mujer bella.

Hay influencias externas que a veces pretenden homogeneizar el lenguaje, pero en privado hay otros lenguajes, como el erótico, el de la relación personal. Y hay usos muy diversos. Uno mismo pasa también por distintos usos del lenguaje. Si fuera por el lenguaje público habría una homogeneización. Pero hay registros, uno mismo habla distinto. La literatura es la única que da cuenta del conjuntos de esas voces. Me gustan los matices, los registros... La literatura no es sólo eso, pero es básicamente eso. Es un lugar donde se tocan todas las músicas, todos sus registros. Eso es lo que va a permitir que la literatura persista más allá de los lugares que la sociedad le da.

Piglia cree que hay que inventar espacios de fuga, como los amigos, como el cine (acaba de escribir dos guiones, uno a partir de uno de los relatos de Prisión perpetua y otro adaptado de El astillero de Onetti, y hay uno en camino basado en un texto de Silvina Ocampo, que María Luisa Bemberg llevará al cine), como la serie de novela policial que él dirige y como la ópera que acaba de escribir con Gerardo Gandini, sobre La ciudad ausente, y que se va estrenar el 24 de octubre. Finalmente, o en el principio? está la literatura: hay que resistir de ese modo. La literatura, para quien escribe tiene mucho de eso .

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