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UN ENCUENTRO MATINAL CON LOS RECUERDOS Y LA HISTORIA

El clásico de los años 60, 70 y 80 entre América y Deportivo Cali, realizado en el Pascual Guerrero con motivo de la campaña Dale tu corazón al Valle , terminó empatado a tres goles luego de un espectáculo lleno de recuerdos, apuntes curiosos, jugadas jocosas e impactantes que causaron delirio entre el millar de aficionados que asistieron al escenario deportivo.

02 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Willington Ortiz por los diablos, con golpe de cabeza, abrió el marcador. Sin embargo, Angel María Torres igualó la contienda para el 1-1 del primer periodo.

En la complementaria las anotaciones fueron obra de Hernán Dario Herrera en dos ocasiones para América, mientras el Cali anotó por intermedio de Hebert Barona y Janio Cabezas.

Más allá de cualquier análisis de quienes estuvieron en el gramado vale la pena el esfuerzo que hicieron jugadores como Jairo Arboleda y Mario Desiderio por los azucareros al sacar, en algunos pasajes del encuentro, el manual de cómo tratar la pelota como si ésta fuese la novia.

Señores, había que estar ahí, cerrar los ojos y poner la máquina del tiempo a retroceder. Arboleda, a pesar de los años, aún conserva sus condiciones que lo llevaron a ser llamado El Maestro . Y qué decir de Desiderio, quien a pesar de su abdómen, abrió en tres o cuatro ocasiones los espacios para que llegasen Janio Cabezas o Angel María Torres.

Pero en el otro bando, el viejo Willi hizo suspirar a los seguidores escarlatas con su movilidad y olfato de gol. Es más, se dio el lujo de sostener un duelo aparte con Javier Solarte y Fernando El Pecoso Castro.

Solarte le cometió a Willington tres faltas descalificadoras que hicieron que el árbitro José Joaquin Torres decidiera que lo mejor era que se fuese Solarte del encuentro.

También se fue, en el segundo tiempo, el central Torres y le dio la oportunidad, en beneficio del espectáculo, al veterano Guillermo El Chato Velásquez, quien ingresó a la historia del fútbol mundial por expulsar, en Bogotá, durante un amistoso, a Pelé.

Mientras las acciones se registraban en uno y otro bando, en los bancos de suplentes y en la tribuna de occidental, primer piso, se contaban historias que con el correr de los años se han convertido en anécdotas.

La primera vez que me tocó viajar en avión, por allá en 1970, los compañeros me dijeron que la gaseosa y las bananas las tenía que pagar , dice Luis Macuco Alegría Valencia. En el momento que me dieron el refrigerio, me levanté y le pregunté a la azafata cuánto valía aquello. Ella se quedó mirándome y me respondió, mientras los demás pasajeros soltaban una carcajada, joven, no vale nada . En ese momento me quería meter debajo del asiento .

Así son los recuerdos de los casi 42 ex futbolistas profesionales que intervinieron en el denominado partido del recuerdo.

En la gradería, Javier Buitrago, con algunas canas y paso cansino, acompañado por sus dos nietos, contaba vi jugar a Camilo Cervino. Llegó de Argentina y en cada partido marcaba goles. Actuó tanto en el Cali como en el América. Fue un verdadero profesional. Nunca le importó si estaba lesionado. Para él, el fútbol ha sido su gran pasión. Ahora, a los 65 años, todavía tiene algo pero lógico, ya no puede aportar lo que hacía antes .

De Miguel Escobar, conocido como El Gordo , se escuchó está jugando mejor que antes. El corte deslizante debe enseñárselo a los nuevos jugadores para que sepan cómo hacerlo sin cometer falta .

Ah!, señores. Así es el fútbol. Este tipo de partidos sirven para revivir los recuerdos, como dice el tango.

Ahí, en el momento de abandonar la cancha, Norman Emilio Barby Ortiz, quien jugó con el número 10 en el América, Cali y Tolima, éste reconoció la señora que le dio un taconazo luego que en un clásico vallecaucano marcó un gol para los azucareros.

Cuando la vi al otro lado de la malla, volví a tener esa visión , dice. Fue el primer clásico que enfrenté a mi antiguo club, América. Y ese día, justamente, anoté. Entonces, ella me esperó y me empezó a gritar que la camiseta verde no me lucía. Que yo era de los rojos. Y de un momento a otro, se quitó un zapato que tenía un tacón puntilla y comenzó a pegarme. Si no llega Humberto Palacios, gerente en ese entonces del Cali, esa señora me hubiese matado ahí. Todo por un gol que hice .

Quedan muchas historias para ser contadas. A medida que se realicen este tipo de contiendas, florecerán los recuerdos como si el tiempo se hubiese detenido a pesar de las canas y los abdómenes voluminosos...