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EL NARCOCONSUMO

El tema de las drogas sufre altibajos en todos los países. En 1991 los expertos decían que había una saturación en la opinión pública. Existió la creencia generalizada de que la política de Clinton sería la de prevención, educación y rehabilitación. Entonces, se hizo famoso el libro escrito por Mathea Falco, quien fue la primera Zar (o Zarina) antidrogas en Estados Unidos, titulado América libre de drogas, que defiende con vigor esa estrategia y que desestimula la represión internacional.

01 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Ese libro tiene una característica sorprendente. Por primera vez los nombres de Colombia, Medellín, Cali, o de personalidades heroicas o de figuras tristemente célebres, están totalmente ausentes.

El tema de la droga se ha vuelto a poner de moda en los Estados Unidos. Por qué? Es una cuestión de personalidades (Helms, Gelbard)? Es, acaso, el resultado de la confrontación entre republicanos y demócratas? O es la preocupación por la violencia y la criminalidad? Hay una realidad de narcoconsumo que, con razón, preocupa al gobierno y a la sociedad en los Estados Unidos. Precisamente, una encuesta nacional promovida por una fundación que preside la propia Mathea Falco, para promover su visión sobre este problema, realizada por la respetable firma de Peter D. Hart, divulgada el 15 de abril trae datos que ayudan a entender lo que está pasando. Resumo los más contundentes.

La encuesta revela que los norteamericanos sienten que el problema del abuso de las drogas está afectando sus propias vidas y la de sus comunidades. Tienen una preocupación particular por el abuso de las drogas entre la gente joven y por la violencia que está asociada al tráfico de drogas. Estas situaciones son percibidas como peligros personales y no abstractos. El 71 por ciento de los padres de menores de edad están aún más preocupados con el problema porque creen que sus hijos pueden llegar a ser drogadictos. El 43 por ciento cree que su estilo de vida ha cambiado como resultado de la amenaza de las drogas y la violencia que ellas generan. En 1989 esa cifra era del 32 por ciento. El 73 por ciento cree que el problema de las drogas afecta a la mayoría del país no tan sólo a los pobres y a las minorías.

Con respecto a la estrategia contra las drogas, no hay cifras contundentes. La ciudadanía no se pronuncia claramente en favor de una estrategia unilateral. Cree en aproximaciones combinadas: prevención, educación, rehabilitación y, claro está, represión. Una mayoría del 55 por ciento prefiere sentencias más estrictas contra los distribuidores de drogas y cree en controlar la oferta internacional. Hace un año, una encuesta idéntica registraba un apoyo del 46 por ciento para este tipo de enfoque. Como se ve, hay más angustia y mayor tendencia a confiar en mecanismos duros, represivos.

Sin embargo, la actitud frente a los consumidores de drogas es bien diferente. El 53 por ciento considera que el abuso de las drogas es un problema de salud pública, que se manejaría mejor por medio de la prevención y del tratamiento. El 54 por ciento cree que sería un error aumentar los fondos para las políticas represivas, al tiempo que se eliminan los destinados a la prevención y a la rehabilitación.

El autor de la encuesta concluye que, si el debate público sobre estas políticas continúa en los términos presentes, la tendencia de la opinión pública será hacia poner mayor énfasis en la persecución criminal y en las políticas represivas en otros países. Piensa, también, que todavía hay mucho por hacer para que los norteamericanos se convenzan de que los programas de rehabilitación son efectivos.

Por otra parte, una encuesta respondida por jefes de policía de 386 ciudades norteamericanas mostró que el abuso de las drogas y del alcohol es el problema número uno en sus comunidades. Ellos creen que reducir el abuso de las drogas debería ser la primera prioridad en la lucha contra el crimen violento. Es evidente que todavía está por construirse un consenso con respecto a la estrategia más apropiada. Y parte del problema es que no sabemos con certeza cuál es esa estrategia. Por ello, hay que meterle más ciencia al problema de las drogas. Y menos ruido.