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QUIÉN TEME AL CAPITAL MIXTO

Casi 15 días después de presentada la iniciativa del Alcalde Mockus tendiente a transformar la Empresa de Energía y la de Telecomunicaciones en sociedades por acciones, el único estamento que se ha pronunciado es el sindical.

01 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

No extraña que los sindicatos hayan reaccionado de manera inmediata y en contra del proyecto. Lo que llama la atención es que en un tema de tanta trascendencia para la ciudad, otros sectores de la sociedad civil no se hayan manifestado.

Este es un síntoma preocupante y una actitud que no puede seguir haciendo carrera en Bogotá. Es en temas de esta naturaleza en los que debe darse la participación ciudadana, apoyando al alcalde o no, pero en todo caso sacando el debate fuera de los ámbitos tradicionales, cuyo carácter cerrado favorece la prevalencia de los intereses particulares con capacidad de manejo o de presión.

Los argumentos de las organizaciones sindicales tienen dos vertientes estrechamente relacionadas; de un lado, énfasis en las supuestas ventajas de mantener el carácter público de estas entidades (primacía del interés público sobre el privado, continuidad de la gestión y control político por parte del Concejo); del otro, el uso peyorativo y tendencioso del término privatización , como sinónimo de algo malo o regresivo.

Ambas cosas son, por decir lo menos, discutibles. En teoría se puede pensar que una actividad productiva cualquiera debería estar en manos del Estado porque así sus excedentes tienen como destinataria la sociedad como un todo y no un grupo particular. Pero en la práctica, y esto es lo que indica la propia experiencia de Bogotá y el país, cuando se consideran las limitaciones e interferencias que existen en el manejo de la cosa pública, lo anterior deja de ser cierto, entre otras cosas, porque en la generalidad de los casos el costo de funcionamiento es tan alto que nunca se producen excedentes. En segundo lugar, para una actividad productiva (en contraste con una función estatal) lo importante no es el control político sino el control de gestión.

En lugar de apelar a eslóganes que generalmente distorsionan las cosas, el análisis debe ser en un plano más objetivo, entendiendo que la decisión que se tome debe ser la que más convenga a la ciudad. Es necesario reconocer, por ejemplo, que la apertura de las empresas a un régimen mixto no sólo amplía las fuentes de capital, sino facilita la incorporación de tecnología. Las dos cosas son requeridas con urgencia por las empresas de servicios de Bogotá para evitar que las necesidades de inversión tengan que financiarse íntegramente a través de incrementos tarifarios, y para mejorar la eficiencia operativa. No cabe duda de que la empresa privada está en condiciones de aportar recursos de largo plazo y una experiencia gerencial importante.

De esta manera, la ciudad podrá aspirar a que en el mediano plazo sus empresas que operan en el mejor mercado del país produzcan los excedentes que tanto se requieren para incrementar la inversión en el sector social.

Al permitir la participación de capital privado, el Distrito ya no será el dueño único de las empresas, pero en cambio podrá contar con un flujo de recursos de magnitud considerable. Y en este sentido vale la pena recordar que es mejor tener el 50 por ciento de algo, que el ciento por ciento de nada.