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MILLOS, CON BRINDIS COPEROS

Nada más oportuno este reencuentro de Millonarios. Con la hinchada que cantó y gritó al al ritmo que le impuso desde la cancha John Mario Ramírez, con un poco de su fútbol brillante (buen segundo tiempo), con la mismas ganas de aficionado que le permitieron fabricar una docena de goles. Reconfortante esta victoria 2 a 0 sobre Quindío, a tres días de su partido de vuelta de Copa Libertadores frente al Alianza Lima.

01 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Sí. Volvemos a tomar confianza y creo que el estado anímico nos vuelve a un nivel excelente. Esta tarde recordamos muchas cosas recientes , dijo Freddy León, quien demolió a punta de piques a la defensa quindíana.

No fue solo León el que levantó su fútbol. También estuvo Carlos Rendón con sus toques mágicos, su frialdad para colocar con cambio de frente o en los callejones, esos pelotazos mortales que dejan a los delanteros en mano a mano con el arquero.

Igualmente John Mario Ramírez, otra vez en función de jugar en forma colectiva, dejando a un lado desaires. El hombre de acompañamiento, de habilidad, que también es capaz de señalar pelotazos al vacío, tal como en el segundo gol.

Y de nuevo la seguridad en los centrales Osman López y Carlos Alvarez, coordinados en sus movimientos, con precisas coberturas por las ventajas que entregó Edison Domínguez, quien dista mucho de ese perfil explosivo que exhibió a principios de la temporada.

Hay que referirse al Millonarios del primer cuarto de hora cuando entró decidido a definir el compromiso y de toda la etapa complementaria, por su sentido práctico, la simpleza de sus movimientos, la gran capacidad de sus jugadores para inventarse contraataques gracias a la velocidad de León.

Hay que olvidarse del Millonarios de esa media hora (entre los 15 y 45 minutos iniciales) cuando se dejó imponer el ritmo, aquel que dejó grandes espacios entre línea y línea, el mismo que le regaló el rol del cotejo a un Quindío muy técnico, ordenado, conducido por Franky Oviedo.

La historia le cambió al Quindío por dos razones. Una, la expulsión al final del primer tiempo de John Córdoba, que se veía venir por su intención de golpear para frenar a León. Entonces, tuvo que retrasarse Victoria, por lo que el desgaste de Oviedo se notó rápidamente. Dos, la entrada de Raúl Ramírez por Juan Carlos Niño, quien muestra excelente marca, pero pésima entrega.

Con Ramírez hay más seguridad en el transporte de la pelota y esa garantía la sintieron John Mario y Rendón, quienes se despacharon a generar opciones, a aprovechar el pique de León, a manejar los hilos del partido.

No fueron más goles porque Armando Osma está negado y por la buena presentación de Lincoln Mosquera. Porque dos disparos pegaron en los palos, en cinco oportunidades jugadores de Millonarios estuvieron mano a mano, mientras que el árbitro anuló tres tantos (uno en forma incorrecta), lo que refleja la artillería azul frente al guardavallas visitante.

Quindío, en cambio, generó un remate de Moreno que desvió Cancelarich, un contraataque de Moreno que no alcanzó a puntear Gallo, un mano a mano de Restrepo que desvió Cancelarich y un tiro libre que soltó Cancelarich, pero que el mismo arquero remendó atajándole el remate a Oviedo.

Los goles Minuto 10: tiro libre de costado, cobra Rendón al corazón del área, cabecea León duro, al piso, y la bola se le resbala a Mosquera. 1-0.

Minuto 35 del complemento: combinación entre Mosquera, Rendón, León, John Mario, quien deja solo a Castillo. Todos creen que va a centrar, pero el delantero saca un remate seco, rastrero, que sorprende a Mosquera. 2-0.