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ENTRE LO RESPONSABLE Y LO FARANDULERO

No cabe duda que una de las profesiones de mayor influencia societaria en los tiempos que corren es la del comunicador social. Nunca se podrá saber con exactitud hasta donde puede llegar el nivel de convicción de quienes informan, mucho más en un país donde los niveles culturales, en general, no son los mejores y por ende se carece de instrumentos de crítica al recibir la gran cantidad de información que en todo instante se entrega a través de todos los medios. Colombia vive en los últimos años la explosión de profesionales en esta área del conocimiento, mediante el funcionamiento de varias facultades de comunicación social, de las que están egresando los nuevos profesionales en cuyas manos se coloca el manejo de la información. Si bien no podemos decir que se trate de un relevo total en estas lides, de los viejos reporteros que se hicieron a golpes de intuición, si debemos aceptar que un buen porcentaje de esos comunicadores ya son poseedores de una formación académica en un proces

28 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Lo anterior nos llevaría a pensar que estamos en presencia de un periodismo de mejores cualidades y de más vasta proyección en cuanto corresponde con las exigencias que se deben tener en la selección de los temas y la manera como se entrega la información al público. Lo real es que esto, generalmente, no es así. Se vive y se palpa un periodismo más dado a la farandula que a la responsabilidad, con un ánimo de protagonismo que debe corresponder a quien genera la noticia, no a quien la recoge, la procesa y la entrega y en esa confusión de objetivos terminan enredados en asuntos que no tienen porque ser de su incunvencia.

Ya se pelea físicamente con el personaje, ya se juzga desde los micrófonos de una emisora y se pretende fijar posiciones sociales obligadas en tal o cual sentido, ya se quiere ser el dueño de la verdad impuesta, cuando ésta debe surgir de la evaluación que el receptor haga de las informaciones que recibe. Algo está fallando en el proceso de formación de los nuevos profesionales del periodismo. Se está educando más con el sentido de lanzar al mundo de las vanidades que de la suprema responsabilidad que entraña el informar sobre los acontecimientos de todos los días, con la imparcialidad y veracidad que conforman los pilares fundamentales del quehacer.

Se vive un momento de trivialización de la información que no es bueno para nadie. Queda la sensación de que han sido formados para lo fácil, para lo simple, para lo elemental y que ese viejo espíritu de investigación, de profundización sobre lo verdaderamente trascendente para la sociedad, ha quedado atrás.

Alguien debe hacer algo para que no se siga con ese espíritu de farándula, de tropicalismo en que se pretende informar sobre lo más elemental, pero se deja de lado, conciente o inconcientemente, lo importante. Un Faustino Asprilla no es interesante para nadie, sino por lo que haga en la cancha, como jugador de fútbol, que es lo que sabe hacer. Ese tiene que ser el objetivo de la información sobre él.

Grave daño le hacen esos informadores superficiales a la sociedad colombiana. Son desorientadores y eso tiene unas consecuencias que nadie calcula. La falla está en su formación.