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Convenio antitabaco, ¿un vía crucis para Colombia?

Con la aprobación, el pasado 27 de diciembre, del Convenio Marco para el Control de Tabaco, Colombia se comprometió, como ya lo habían hecho 168 naciones, a frenar la epidemia de tabaquismo que afecta a 1.300 millones de personas y mata cada año a cinco millones. (VER INFOGRAFÍA: UN PELIGRO PARA LA SALUD)

31 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Aunque mediante la ley 1109 el país adoptó los postulados del Convenio (ver recuadro), aún falta que la Corte Constitucional lo ratifique. Una vez esto ocurra, quedará en manos del Congreso convertirlos en leyes.

No obstante, basta dar una mirada a la situación actual para entender que el camino para llevar a la práctica el Convenio es tortuoso, pues alrededor del tema se mueven intereses muy sensibles.

Por ejemplo, mientras el tratado propone aumentos impositivos y de precios para los cigarrillos, con el objetivo de desestimular su uso, Colombia, al cambiar la base de tributación para consumo de este producto, bajó los impuestos de las marcas más baratas (de 77 que se comercializan en el país, 58 cuestan menos de 2.000 pesos).

Un asunto de salud pública De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), medidas de esta clase influyen en un aumento del tabaquismo y del número de fumadores, especialmente en población joven (cuya edad de inicio de esta práctica está entre los 13 y los 15 años) y de escasos recursos.

Jairo Roa, presidente de la Asociación Colombiana de Medicina Interna, considera que fomentar y permitir el consumo en esta población “es un exabrupto, pues a menor edad de inicio, la adicción es mayor y las consecuencias de salud irreversibles con el tiempo”.

“Además –sostiene Roa– fumar se asocia, de manera global, con la pobreza. Es claro que en hogares que están en esta condición se llega a gastar hasta el 10 por ciento de los ingresos en la compra de cigarrillos, lo que limita la inversión en alimentación, educación y salud”.

Para el director del Instituto Nacional de Cancerología, Carlos Vicente Rada, aunque los impuestos a los cigarrillos representan recursos para el país, no puede perderse de vista que la salud pública es prioritaria: “Es inconcebible que el país siga dependiendo de impuestos generados a partir del consumo de cigarrillo, pues a la larga los gastos en salud que se causan son diez veces más altos, sin contar con las vidas que se pierden (alrededor de 28.000 al año)”.

Cuestiona el hecho de que el país se haya comprometido “a aumentar la producción de tabaco de 20.000 a 120.000 hectáreas; esta decisión es un contrasentido para un solo ministerio, como el de la Protección Social, que por un lado considera benéfico que haya más gente trabajando, pero por el otro está en la obligación de proteger la salud colectiva”.

Mientras tanto el país sigue sin orden ni directrices para el manejo de este tema. De hecho, Dilian Francisca Toro, presidenta del Congreso, sostiene que un proyecto de su autoría ya hizo tránsito en el Senado, “y armoniza con el Convenio Marco aun cuando fue presentado antes de la adopción del tratado”.

Por tratarse del proyecto mundial más ambicioso de salud pública de la historia, se espera que el ministerio del ramo (en este caso el de la Protección Social), dé las orientaciones sobre la forma en que el país procederá para llevar a la práctica el Convenio, sin contradecir a otras instancias del Estado.

EL TIEMPO trató, durante varios días, de obtener del Ministerio respuestas a preguntas generadas sobre este tema, pero no fue posible.

¿QUÉ ES EL CONVENIO MARCO ANTITABACO? Es el primer tratado de salud pública de la historia. Al suscribirlo las naciones se comprometen a priorizar el derecho de proteger la salud pública, reconociendo que el tabaquismo es una epidemia mundial que hay que frenar.

Los compromisos se fundamentan en: Regulación: contenidos de nicotina, publicidad, prohibición de la venta a menores de edad, contrabando, espacios públicos y de trabajo libres de humo.

Reducción de consumo y demanda: aumento de precios e impuestos, eliminación de patrocinios de eventos públicos y privados, advertencias explícitas en las cajetillas sobre los riesgos que fumar representa para la salud, educación, entrenamiento y acompañamiento público.

Protección de la salud de los trabajadores.

Promoción de actividades alternativas para cultivadores.

Promoción de investigación sobre el tabaquismo.

Actualización de normas legislativas y planes de acción.

PARTICIPE - TIEMPO.COM FORO. Natalia Londoño, de la Aso. Colombiana de Neumología, responde dudas sobre el cigarrillo desde las 7:30 a.m. de hoy.

EN ‘ARRIBA BOGOTÁ’ PANEL. Jairo Roa, presidente de la AMC, analiza situación del tabaquismo. 7:30 a.m.