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La Unión Peneya volvió a tener gente

El Sagrario estaba profanado, las imágenes religiosas rotas y las paredes y el piso de la iglesia de La Unión Peneya derrumbados a punta de pica.

30 de enero 2007 , 12:00 a.m.

“Eso fue para buscar guacas, pero están muy equivocados. La iglesia no se ha amangualado con las Farc”, dijo en tono enérgico el padre Israel Betancourt, párroco de este pueblo caqueteño que regresó el pasado sábado con 1.500 campesinos después de 3 años y 23 días de ausencia.

Huyeron el 4 de enero del 2004, cuando comenzó allí el Plan Patriota, la más grande ofensiva del Estado para terminar con los santuarios de las Farc en el sur del país.

A los reclamos del padre se unieron los de los campesinos, algunos de los cuales se desgarraron en llanto a medida que su caravana del retorno se adentraba por las calles del otrora próspero poblado.

Sus casas y negocios están en ruinas. Las puertas permanecían medio abiertas y detrás de las telarañas había trastos en los pisos, ropa quemada, colchones rasgados y la mayoría de electrodomésticos había desaparecido.

Los rastros del guaqueo también saltan a la vista y algunos campesinos se atrevieron a señalar a los militares. (vea Fueron las Farc).

El desolador panorama que encontraron el pasado sábado apagó las sonrisas de la multitud, que llegó con la esperanza de rehacer sus vidas.

Ahora saben que deben comenzar prácticamente de cero. Aunque antes de emprender el regreso desde Florencia, San Vicente del Caguán, Paujil y Montañita tuvieron acompañamiento del Estado, prefirieron llegar al pueblo solos, pues saben que las Farc aún merodean y temen represalias. “Antes la guerrilla iba y venía, pero eso no nos hace guerrilleros. Éramos un pueblo abandonado por el Estado y hoy somos un pueblo en ruinas”, dijo Ismael Ospina, uno de los dos únicos campesinos que quisieron hablar.

A La Unión Peneya se le consideraba uno de los santuarios de las Farc y, según autoridades, floreció por la coca controlada por el frente 15.

Antes del desplazamiento había 7 billares, 20 tabernas, 2 prostíbulos, 4 droguerías, 3 estaciones de servicio y una veintena de almacenes de ropa fina y cacharro, así como 5 residencias y unas 400 viviendas. Muy poco queda hoy.

En medio del fragor de los combates, la gente se refugió en hogares de desplazados y desde la semana pasada comenzaron a concentrarse en San Isidro, una vereda del caserío, para su regreso.

Llegaron a La Unión Peneya en 2 chivas, 4 camiones, una volqueta, 5 camionetas 4x4 y un centenar de motos y caballos, uno que otro pura sangre.

Ante la desolación, cesó la algarabía y como ya eran las 5 de la tarde, la gente corrió a organizar comida y dormida antes de que cayera la noche, pues los transformadores fueron baleados.

A la una de la mañana se apagaron las primeras velas y las dos únicas plantas que llevaron comerciantes. El pueblo volvió a quedar oscuro y en silencio, como si todavía fuera un pueblo fantasma.

2 meses se fijó como plazo la Gobernación de Caquetá para iniciar la reconstrucción del pueblo. Prometió llevar una brigada de salud y alimentos.

Fueron las farc’ “Hay que tener claridad de que a este lugar llegó primero la guerrilla, dejó campos minados y acabó con todo y luego algunos moradores pescaron en río revuelto”.

Así respondió el general Jaime Calderón Valenzuela, comandante de la Brigada 12 en Caquetá, a los señalamientos contra el Ejército por el saqueo en La Unión Peneya.

El Ejército estuvo en la zona desde enero del 2004. El oficial dijo, en todo caso, que hay que esperar que las autoridades investiguen qué pasó.

Los campesinos anunciaron una demanda colectiva contra el Estado por los daños que sufrieron sus propiedades.