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¿De quién es el bendito soneto?

A raíz del libro ‘El olvido que seremos’, de Héctor Abad Faciolince, el autor paisa y el poeta bugueño están en una controversia sobre el origen de la composición. Se llama Epitafío. Y según el escritor Héctor Abad Faciolince, él mismo sacó este soneto del bolsillo en el que lo llevaba su papá, Héctor Abad Gómez, cuando fue asesinado, el 25 de agosto de 1987.

29 de enero 2007 , 12:00 a.m.

“Ya somos el olvido que seremos”, empieza diciendo esta composición, que el autor paisa retoma en el libro testimonial que publicó sobre la relación con su padre.

“El polvo elemental que nos ignora”, continúa el poema que, en noviembre del mismo año del asesinato, el escritor publicó en el Magazín Dominical de El Espectador, en un artículo que se tituló Apuntes para una biografía.

Hasta ahí, todo va bien, Pero el asunto se enreda, como lo dio a conocer la revista Cromos, cuando Abad Faciolince, al no encontrar documento alguno que certificara la autoría de Jorge Luis Borges, decide llamar a su colega y poeta Harold Alvarado Tenorio, teniendo en cuenta que este último es un reconocido admirador del argentino y, entre otros trabajos, había hecho una crónica De cómo escribí un prólogo de Borges, donde cuenta cómo se hizo pasar por el autor gaucho, prologando un libro de su propia autoría.

“Cuando hablé con Alvarado, me dijo que el soneto era de él, que lo había compuesto en 1991 y que después lo publicó en la revista Número”, narra Abad, desde Berlín (Alemania), donde está radicado.

La pregunta que se hacen muchos es cómo el poema que fue escrito, según Alvarado en 1991, apareciera en el bolsillo de Abad Gómez, al momento de su muerte en 1987. La respuesta podría ser que Borges sí lo hubiera escrito antes, cosa que desmiente el autor nacido en Buga (Valle).

“Ese soneto lo escribí yo, pero eso lo hice para divertirme. No era algo para engañar a nadie, lo hice como un ejercicio literario y cuando se publicó, se sabía que no era de Borges. Me pareció bien, pero ahora lo que pasa es que me están tratando de poner como un falsificador y yo no soy tal”.

Alvarado explica que lo hizo, bajo el título de Cinco sonetos inéditos de Borges, como una cosa borgiana. De la misma manera como el escritor argentino hacía ese tipo de ejercicios.

“Yo he hecho eso siempre –añade–. A mí me gusta escribir ese tipo de cosas, me gusta escribir con pseudónimo. La esencia de la escritura de Borges es esa, el juego, la parodia, la ironía, poner nombres ficticios, todo eso lo hizo él y los que somos borgianos lo imitamos”.

Para Abad Faciolince lo más probable es que haya sido así, sin negar la posibilidad que lo haya escrito Borges.

“Yo no sé de quién es –manifiesta–. Parece de Borges, pero aparentemente lo escribió Tenorio. El problema es que no hemos encontrado la publicación original. No sabemos si apareció antes en El Mundo o El Colombiano, de donde mi padre lo habría copiado”.

El escritor antioqueño también le encuentra explicación a todo esto en un fenómeno al que él llama “lectores distraídos” y destaca que se trata de algo muy parecido a la realidad borgiana, de múltiples autores, de cosas que se escriben antes de que se hayan escrito, de la posibilidad de que alguien escriba algo sin darse cuenta, de otra persona.

Para él, esto se ha convertido en un enigma que quiere dilucidar, no de una manera borgiana, sino de una forma real. “Y eso será cuando encontremos la bendita publicación de Alvarado Tenorio”, asevera desde el invierno en Alemania.

En la misma Cromos, Abad Faciolince dice que esto ya se transformó en una novela. Por eso, cuando se le pregunta cuál sería el desenlace de la historia, no duda en responder: “El final más bonito sería que, en efecto, si lo hubiera escrito Borges, que a Alvarado Tenorio se le hubiera olvidado que lo había leído del argentino y que lo copió de memoria, sin darse cuenta. Es un juego literario, legítimo, eso se puede hacer, yo no lo estoy acusando a él. Solo lo estoy diciendo que es un gran parodista”.