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Análisis, ‘olfato’ y emociones se unen

Hasta hace cien años parecía claro que la inteligencia era una sola, hoy en día con estudiosos como Gardner y Ballon se plantea que hay múltiples.

27 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Aunque la clasificación es más amplia, se habla de tres tipos fundamentales: la inteligencia analítica, que se utiliza para actividades como leer, exponer, pensar al estudiar.

Otro es el caso de la inteligencia práctica: la que se usa para resolver los problemas del mundo cotidiano, como por ejemplo, el ‘olfato’ que algunos tienen para los negocios.

También, en los últimos tiempos se trabaja en la teoría de la llamada inteligencia emocional, socio-afectiva o intra e interpersonal. “Es la que usamos para conocernos a nosotros mismos, interactuar emocionalmente y manejar las relaciones interpersonales”, afirma de Zubiría.

Suele identificarse en las personas que tienen carisma, como Gandhi, y capacidad de liderazgo.

Cada una de ellas es independiente de las otras. Por eso hay personas que se identifican por ser muy capaces para el análisis y la interpretación, pero muy torpes en la vida cotidiana o en el manejo de las relaciones socio-afectivas.

Se trata de capacidades distintas que dependen de factores diferentes para su desarrollo. Por ejemplo, para desarrollar la inteligencia analítica es esencial la actitud de los padres ante las preguntas y las reflexiones planteadas por los niños, así como el papel de los docentes, la lectura y la discusión en años posteriores.

Pero, para fomentar la afectiva es esencial una buena relación con los padres, los hermanos y amigos, y la seguridad.

En cambio para el desarrollo de la inteligencia práctica es importante vivir experiencias en contextos que requieran cualificar la organización y la planificación de tiempos, espacio y hasta dinero.

“La imagen monolítica de la inteligencia que dominó en el siglo XX ha sido sustituida por el reconocimiento de una amplia gama de procesos intelectuales y talentos particulares. Hoy resulta más plausible reconocer un ámbito práctico, otro analítico, socioafectivo de la inteligencia y de infinidad de talentos asociados a las artes, las ciencias, la tecnología y las relaciones interpersonales”, aclara el educador.

Lo cierto es que no nacen niños más inteligentes que otros, sino que se vuelven más talentosos según la formación que reciben.

EDUCACIÓN, CLAVE ESTUDIOS. Las investigaciones demuestran que el ser humano es cambiante y hay factores que tienen que ver con su desarrollo como la estabilidad, las actitudes y los profesores: un maestro inflexible es una tragedia cuando un niño es creativo, afirma Julián de Zubiría. Añade que “existen teorías que dicen que uno no responde según la capacidad sino de acuerdo con las expectativas que tengan los demás”. No existe un método para aumentar la inteligencia, pero la educación desde la niñez sí puede tener las herramientas para desarrollarla. Hay actividades para mejorarla: preguntar, dudar, reflexionar, leer las cosas desde distintas perspectivas. “Hay que dar la caña de pescar y no el pescado. Y es que sabe que el 92 por ciento de los conocimientos aprendidos en primaria se olvidan ocho semanas después. El cerebro no está hecho para guardar información tan insustancial como capitales o ríos del mundo aprendidos de memoria”