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Paeces no duermen en su casa por combates

Hacía 12 meses que los habitantes de El Trapiche, una vereda de casi 600 habitantes ubicada sobre la vía que une a Santander de Quilichao con Tacueyó, corregimiento de Toribío, no escuchaban las balas ni veían los escupitajos de fuego de los fusiles.

27 de enero 2007 , 12:00 a.m.

El Ejército se había retirado de la zona tras dos años de operaciones militares que comenzaron el 14 de abril del 2005, cuando las Farc protagonizaron una toma sostenida en el casco urbano de Toribío.

En ese entonces fueron más de 10 días de guerra y terror. Por eso, este 17 de enero, cuando los habitantes de la parte alta de la vereda oyeron los primeros disparos y vieron cómo unidades del Ejército acampaban cerca a sus viviendas, decidieron salirse para la cancha de fútbol, sitio de asamblea permanente.

Eran 39 personas, en su mayoría menores de edad, que en la tarde de ayer regresaron a sus hogares.

La tensión empezó hace 10 días, cuando hombres del batallón Pichincha de la Tercera Brigada reiniciaron operaciones en la región.

Ese día se registraron los primeros combates con las Farc y resultaron heridos con esquirlas una mujer y un niño de 9 años, que debieron ser atendidos en el puesto de salud de Tacueyó.

“Decidimos dejar nuestras casas porque el susto es permanente y no sabemos en qué momentos un proyectil pueda lastimar a alguien”, relató a los medios María Elvia Pequí, cuya vivienda resultó afectada.

Desde que empezaron los combates la comunidad se ha desplazado en tres ocasiones.

“Las familias han optado por salir en la noche y regresar de día a darle vuelta a la tierra. El miedo es permanente porque no se sabe en qué momento van a recomenzar los combates”, dijo Mauricio Caso, coordinador administrativo de la Asociación Nacional de Cabildos del Norte (Acín).

De acuerdo con la Acín, en la vereda fueron lanzados 15 artefactos explosivos, dos de los cuales no detonaron, y el resto causaron averías en 10 viviendas.

Las Farc consideran ese sector como una zona de acumulación estratégica, según un informe del Ejército Nacional presentado en el 2005.

Ayer intentaban retomar la calma en El Trapiche, según reportó la Personería Municipal a la Defensoría del Pueblo en Popayán.

Los líderes indígenas de la zona exigieron tanto al Ejército como a las Farc que sostuvieran sus enfrentamientos lo más alejado posible de la población.

En el último reporte que recibió ayer la Acín se le informó que el Ejército se ubicó en otra zona.

En una reunión a la que asistieron Huber Meza, presidente de la junta de acción comunal de Tacueyó, José Garzón, párroco de la localidad y el coronel Henry Piraquive, comandante del Batallón Pichincha, el Ejército se comprometió a detonar de manera controlada la munición que quedó sin explotar.

Pero además, en la reunión las autoridades les pidieron a los representantes de la comunidad denunciar los lugares donde se ubican los cristalizadores de coca y los cultivos de marihuana.

DIEZ DÍAS DE ZOZOBRA PARA INDÍGENAS Mientras el Ejército asegura que no hay combates sino controles, indígenas dicen que el temor no deja a pobladores.

“Lo que se ha presentado en estos días no es un combate. Llevamos 8 días en Toribío realizando patrullajes, porque después de casi un año sin nuestra presencia han aumentado las actividades relacionadas con el narcotráfico y los cristalizaderos”.

dijo a la Personería el coronel Henry Piraquive, comandante Batallón Pichincha.

“Seguiremos insistiendo en que los territorios indígenas no deben convertirse en escenario de los actores armados. Pero ni el Ejército ni la insurgencia respetan nuestra autonomía y por eso el valor civil de las comunidades se ve imposibilitado ante el poder de las armas y se origina el desplazamiento”, dijo Mauricio Coso, coordinador administrativo de Acín.