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LA FISCALÍA AÚN NO DESPEGA

La Fiscalía General de la Nación fue creada, hace ya un año, como el sistema jurídico que sería capaz de cambiar la operatividad de nuestra administración de justicia, pero sin excepciones de ninguna naturaleza. Se requería con urgencia de un revolcón jurídico que fuera capaz de garantizar con eficiencia los derechos ciudadanos, so pena de caer en altos índices de criminalidad que ya se estaban convirtiendo en verdaderas marcas delictivas a nivel mundial. Pero la verdad ha sido otra muy diferente. El nuevo sistema, el que sería la tabla de salvación de nuestra justicia, ha sido poco funcional. Y es que en realidad, por si solo, jamás prodría producir avances importantes en la descongestión judicial, que era uno de sus objetivos primordiales. Por el contrario, vemos como, después de tantos esfuerzos técnicos y económicos, se siguen acumulando los expedientes.

29 de julio 1993 , 12:00 a.m.

La justicia se represa. Me refiero especialmente a aquella justicia ordinaria, a aquella que el ciudadano reclama en su cotidiano vivir por delitos convencionales, y no a esa justicia especial -narcotráfico y corrupción- que el Fiscal General de la Nación ha sido asumido con un excesivo protagonismo, como si fuera ese su único objetivo. La verdad es que los esfuerzos se han concentrado en esos dos frentes y nos hemos olvidado de la infinidad de modalidades delictivas que el ciudadano padece y para las cuales nunca se obtiene una respuesta efectiva y concreta.

Vivimos las épocas de los códigos, de abogados, de reformas a diestra y siniestra y sin embargo nuestra justicia sigue postrada. Ello es grave. Parece que el exceso de reformas causaran una confusión enorme que ha alterado el sano equilibrio jurídico, estimulando la actividad del delincuente ocasional, que sabe pescar muy bien en ese río revuelto de legalismo jurídico. Es que asombran la infinidad de formas delincuenciales que se utilizan diariamente - estafas, abusos de confianza, hurtos, etc- que se quedan impunes al amparo de enredadas interpretaciones procedimentales.

Pienso que el sistema acusatorio que pretendió establecerse no ha sido asimilado o correctamente en sus nuevas orientaciones o criterios por parte de los Fiscales. Ha faltado una mejor concepción del nuevo sistema que lo que pretendía era justamente realizar investigaciones con criterios más modernos y funcionales.

Si contamos con un nuevo sistema como la Fiscalía General, que de ser bien utilizada podría recuperar el verdadero poder de la justicia, debemos esperar que nuestros fiscales cambien por fin de mentalidad al asumir las investigaciones que se les confían, para que el sistema acusatorio que ha querido implantarse responda de veras a las exigencias de la época.

Igualmente debe tenerse muchísimo cuidado en el proceso de selección de los nuevos fiscales que deben ser personas con algún grado de experiencia en el manejo de procesos penales a fin de que haya una plena eficacia en la administración de justicia. Desafortunadamente ese proceso hasta ahora ha sido equivocado y se han nombrado personas sin ninguna trayectoria en el campopenal. No se justifica que se siga improvisando así con una entidad tan importante en estos momentos como la Fiscalía General de la Nación que merece mayor atención en la elección de los funcionarios que son la base para que se dé su pleno funcionamiento y su éxito total.