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Aguafiestas

No me gusta ser aguafiestas. Pero en ocasiones es bueno recordar, en medio de la parranda, los terribles efectos del guayabo. Soy un economista de fundamentales. Ello significa que desconfío de las recetas milagrosas. Como un médico tradicional, creo que la mejor manera de tener una buena salud no es abusando de los medicamentos, sino conservando una buena higiene de vida.

23 de enero 2007 , 12:00 a.m.

El crecimiento económico es como el dopaje. Lo hace creer a uno que es capaz de tener mejores rendimientos sin enfrentar las consecuencias negativas. Sin duda estamos atravesando un buen momento en la economía. Ello se debe a diversos elementos entre los que sobresale la recuperación del clima de confianza, la mejor seguridad, los buenos precios internacionales de las materias primas, el entorno de liquidez nacional e internacional y sobretodo los mayores índices de inversión privada, tanto doméstica como foránea.

Pero la euforia de la fiesta económica nos hace olvidar que los problemas estructurales están lejos de ser resueltos. Enumeraré sólo algunos de ellos.

La economía crece pero el problema fiscal persiste. El aumento de los ingresos fiscales por los resultados de Ecopetrol, el aumento del recaudo por el auge de las importaciones y el mayor consumo, no pueden ser considerados como permanentes. El balance de las finanzas públicas ha mejorado pero ello es sólo coyuntural. En materia de gasto es muy poco lo que se ha obtenido. La bomba pensional sigue activada. La crisis del sector salud está viva y el costo fiscal del esfuerzo militar no es sostenible.

La inversión privada aumenta pero la pública está rezagada. La formación de capital en el sector privado es lo más sobresaliente de nuestro panorama interno. Pero la inversión pública en proyectos estructurales es poco ambiciosa.

Las economías como China o India han sostenido sus ciclos de crecimiento gracias a colosales inversiones paralelas del sector público en infraestructura, que generan ganancias de productividad que son aprovechadas por el sector privado en el mediano y largo plazo. No nos comparemos con Asia. Basta con ver las carreteras en Ecuador, el aeropuerto de Santiago o los hoteles de Costa Rica para evaluar el retraso que tenemos en la materia.

El clima de los negocios es bueno pero el desempleo no disminuye. El optimismo empresarial está muy ligado al repunte del consumo y los buenos precios internacionales. Pero los precios de las materias primas han empezado a bajar y el crecimiento del endeudamiento privado pronto debilitará el poder de compra. Está claro que, aún con tasas de crecimiento satisfactorias, nuestra economía no genera suficientes puestos de trabajo.

Las exportaciones crecen pero la competitividad se deteriora. Lo corrobora el déficit comercial y la preocupante evolución del índice de la tasa de cambio real. Una de las lecciones de nuestra historia económica es que somos particularmente sensibles a la evolución de la cuenta corriente. El crecimiento acelerado de las importaciones no ha generado una crisis mayor por el buen desempeño de los precios de nuestras exportaciones de productos básicos.

Pero el ciclo alcista está concluyendo. Quedarán entonces al descubierto la debilidad real de la balanza comercial, y en evidencia los serios problemas de competitividad que están relacionados con deficiencias estructurales de nuestra economía.

El gasto social aumenta pero la eficiencia del mismo sigue sin progresar. En lugar de invertir en productividad hemos optado por subsidiar. Ello puede justificarse por razones políticas. Pero el gasto social desperdigado no resuelve los problemas, sólo los posterga.

Es bueno disfrutar las fiestas. Hace décadas que nuestro país no tenía buenos índices de crecimiento. Hay muchos signos alentadores que no se pueden discutir. Pero no debemos caer en la euforia de las parrandas. El que empieza a pasarse de tragos se cree inteligente, chistoso, buen mozo y el mejor bailarín. Al despertar, la realidad lo atropella. Quiera Dios que no estemos, como los buenos borrachitos, olvidando los efectos horribles del guayabo.

Ex embajador de Colombia en Francia .

"El crecimiento económico es como el dopaje. Lo hace creer a uno que es capaz de tener mejores rendimientos sin enfrentar las consecuencias negativas”.