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TLC sufre por la pugna en E.U.

Sin que todavía se hubiera recobrado totalmente la normalidad por efecto de las fiestas decembrinas, el accidentado y largo TLC con Estados Unidos recibió un susto grande la semana pasada: unas declaraciones del representante adjunto de comercio, John Veroneau, en el sentido que su gobierno estaba trabajando con los similares de Colombia y Perú modificaciones al capítulo laboral del tratado, supuestamente ya cerrado, como condición para alcanzar su aprobación en el Congreso de ese país. (VER GRAFICO)

22 de enero 2007 , 12:00 a.m.

La noticia cayó como un ‘baldado de agua fría’ pues era la primera vez que un vocero del gobierno Bush aceptaba la reapertura del tratado para introducirle modificaciones, cuando varias veces antes era una opción descartada.

Luego se supo que parecía una mala traducción de lo que había dicho Veroneau al aclarar oficialmente la Oficina del Representante Comercial, Ustr por sus siglas en inglés, que las modificaciones que se harán no implicarán una reapertura del tratado.

El recién posesionado ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata, que reemplazó en el cargo a Jorge Humberto Botero, debió salir el mismo día jueves en la noche a afirmar que el gobierno colombiano había logrado aclarar que no se trata de una renegociación del tratado, sino simplemente de algunas modificaciones que podrían introducirse por la vía de cartas adjuntas al tratado ya negociado.

Pero, más allá de los formalismos sobre si será una ‘renegociación’ o simplemente unos ‘cambios’ que se introducirán en notas de pie de página, lo que está en el fondo es que sí habrá cambios a lo ya negociado entre los dos países. Eso es lo importante y asuntos de forma sobre en qué parte del texto se incluirá, resultan ya de poca relevancia.

Las modificaciones, según se sabe casi ya oficialmente, buscarán que el gobierno colombiano se comprometa por escrito a hacer mucho más estricto el cumplimiento de algunos protocolos laborales y ofrezca garantías en materia de derechos sindicales.

Para el ex ministro Rufolf Hommes, si los pedidos de los demócratas de Estados Unidos frente al TLC se enfocan a exigir y hacer cumplir las normas laborales, a que el gobierno colombiano y el sector privado respeten los convenios internacionales suscritos y a que se aumente la protección de los sindicalistas para que no los sigan matando, “no habría por qué oponerse”, porque se mejoraría el clima laboral y el ambiente social del país.

Sin embargo, creer que la idea de los demócratas es favorecer simplemente a los trabajadores colombianos puede aparecer ingenuo.

Hay quienes consideran que lo hacen sólo con el objetivo de ganar competitividad.

“Aunque ciertamente le conviene a los trabajadores colombianos, ésta es una forma para disminuir la competitividad de los productos del país, aumentando sus costos”, considera el profesor universitario Alvaro Montenegro.

Un esquema similar se introdujo en el caso del tratado de libre comercio con los países centroamericanos, conocido como Cafta. Al final del Cafta se introdujo un artículo que incluye el ‘White Paper’, como parte integral. Son alrededor de 110 páginas sobre el asunto. En el caso colombiano y peruano se agregaría un documento similar sobre el tema ambiental.

Algunos analistas consideran que este tipo de cambios, guardadas las proporciones, tendrían el mismo impacto de lo que tuvo en su momento la decisión de los negociadores agrícolas de E.U. de buscar garantías a la compra de carne bovina de más de 30 meses de edad en el mercado colombiano.

Otros, por el contrario, aseguran que este es un caso distinto, aunque igual generará mayores compromisos para Colombia, pues estará incorporado dentro del cuerpo del tratado, mientras que el tema de la eliminación de restricciones de Colombia para la carne de Estados Unidos se manejó como un tema independiente del tratado.

El escenario anterior, aunque con algunos tropiezos en el trámite en el Congreso de Estados Unidos, se acerca al modelo ideal que siempre ha buscado Colombia: que el TLC sea aprobado en el verano del 2007 y pueda entrar a regir desde enero del 2008.

Y sobre eso es que la embajadora de Colombia en Washington, Carolina Barco, tiene montadas sus expectativas y es optimista. (Ver nota anexa). Lo mismo cree el ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata.

Pero existe otro escenario probable, que no se puede descartar que ocurra, pues hay evidencias concretas de que puede darse: que no haya TLC.

Antes de las elecciones de noviembre ni siquiera se consideraba esa posibilidad, pero luego del triunfo demócrata en las elecciones parlamentarias de noviembre el asunto comenzó a enredarse.

No es un secreto que los demócratas no son amigos de los tratados de libre comercio y el mismo día 22 de noviembre, cuando los gobiernos de E.U. y Colombia firmaron el TLC, su mensaje fue contundente: consideraron el acto de la firma como ‘poco amigable’ por parte de la administración Bush con las nuevas mayorías.

Así lo dijo Charles Rangel, quien asumió la presidencia del comité de medios y arbitrios, instancia por la que entran a estudio los tratados comerciales.

Luego la presidenta de la Cámara de Representantes, en su discurso de posesión, sorprendió al no incluir los tratados de libre comercio como una de las prioridades de su gestión en el corto plazo.

Y en los primeros días de su gestión ya ha sacado adelante sus prioridades, que tienen que ver con Irak, las células madre y la eliminación de subsidios a empresas petroleras.

En función del apoyo o no al TLC, se encuentran todo tipo de justificaciones a la ‘apatía’ del Congreso de Estados Unidos para con el TLC.

Algunos dirigentes gremiales opinan que por ahora no entrará al Congreso debido a la urgencia que tienen otras iniciativas internas en Estados Unidos.

Pero hay quienes consideran que la demora en su presentación tiene que ver con una especie de ‘cuenta de cobro’ que le estarían pasando los congresistas demócratas al gobierno republicano de George W. Bush.

Por lo que sea, las pruebas acerca del poco interés por el TLC con Colombia y Perú son cada día más evidentes.

Hace sólo unos días, luego de su visita a Ecuador y Bolivia, un senador norteamericano planteó la idea de que el Atpdea (que contiene preferencias arancelarias unilaterales) debería ser ampliado por dos años más. Si ello se hiciera realidad, el golpe de mano al TLC sería contundente.

Una ampliación por un tiempo más allá de un año al Atpdea coincidiría con las elecciones presidenciales en Estados Unidos y en ese ambiente sería poco realista creer que el TLC tiene futuro. Más aún si, como se prevé, el futuro presidente en ese país llega a ser demócrata.

No hay que llamarse a engaños. La realidad es que el triunfo de los demócratas en las elecciones de noviembre pasado cambió en forma importante el panorama del TLC, al punto que lo enfrió aún antes de las mismas elecciones.

El TLC fue aprobado a finales de febrero del 2006, luego de 21 meses de negociaciones entre las partes.

Los siguientes meses a la aprobación, que se suponía serían para hacer traducciones y ajustes menores, se convirtieron en nuevas negociaciones por cambios inconsultos que hizo la parte norteamericana.

Un tema en particular fue objeto de la demora: las restricciones a la importación de carne bovina de más de 30 meses de E.U. En un comienzo las autoridades colombianas rechazaron la idea de aceptar la entrada del producto, pero veladamente los negociadores norteamericanos dejaron conocer sus intenciones: o Colombia aceptaba la entrada de la carne o se enredaba el TLC.

Finalmente nuestro país aceptó y se destrabó el proceso con la notificación del gobierno de Bush al Congreso de su intención de firmar el TLC. Y comenzaron a correr los 90 días para su firma, que se hizo el 22 de noviembre, ya con el ambiente político enrarecido por el triunfo demócrata.

Lo demás es conocido.

Los empresarios están preocupados, aunque son prudentes y mantienen la fe en las acciones que lidera el Gobierno.

Sin embargo, en privado advierten que el panorama es difícil y que ni el mismo Gobierno tiene claridad sobre lo que pueda ocurrir, o de las acciones concretas a emprender, pues los intereses políticos de republicanos y demócratas tampoco son claros. Una jugada equivocada de Colombia puede ser perjudicial.

Voceros de los dos partidos deberán iniciar sus discusiones sobre distintos temas en los próximo días y la esperanza es que incluyan el TLC con Colombia y Perú.

El gobierno colombiano sigue creyendo en lo que dicen voceros de la administración Bush, que aseguran seguir manteniendo intacto su apoyo a un TLC que ellos mismos negociaron.

Por ahora no parece conveniente arrancar una ofensiva de lobby con los demócratas, aún sabiendo que con unos 30 a 40 congresistas de esa bancada se puede sacar adelante el tratado. Es mejor ser prudentes y dejar que entre ellos arreglen sus diferencias.

El Gobierno mantiene su optimismo sobre el tratado El Congreso de Estados Unidos arrancó en forma el pasado 4 de enero sus sesiones. Y el TLC todavía no aparece en la agenda. ¿Por qué? La embajadora de Colombia en Washington, Carolina Barco lo explica: “Hay que entender el modus operandi aquí. El arranque no es fácil cuando cerca de 55 congresistas nuevos y se están conformando los equipos de trabajo. Además, las urgencias anunciadas por Nancy Pelosi eran muy claras, y esas prioridades ya fueron evacuadas”.

¿Y cuál es el trabajo de Colombia mientras tanto? Nosotros estamos presentándonos, buscando citas y mostrando toda nuestra disposición para entregarles toda la información sobre nuestro país, pues es claro que muchos de ellos no nos conocen.

El gobierno de Bush no ha presentado el TLC. ¿A qué atribuye la demora? Es que el sistema de trámite es distinto al que funciona en nuestro país.

Las discusiones de los temas se hacen antes de presentar los proyectos y luego, 45 días antes se presentan pues ese es el plazo de la aprobación.

¿No se debe a una oposición muy fuerte de los demócratas? Yo soy muy optimista sobre el TLC y es la prioridad del gobierno colombiano, y sabemos que el asunto será objeto de una gran discusión. El representante Charles Rangel es una persona que entiende muy bien los tratados y es un político de gran peso en la bancada del partido demócrata.

Perú estudia cómo incorporar los cambios Tras haber aprobado en el Congreso el TLC con Estados Unidos en junio del 2006, el gobierno peruano tendrá ahora que definir cómo entrarán en el cuerpo del tratado las modificaciones que ahora pretenden hacerle los parlamentarios estadounidenses.

El gobierno del presidente Alan García aún no ha definido si la carta adjunta que incluiría los cambios propuestos por los congresistas demócratas de E.U. a los capítulos laboral y ambiental, debe pasar nuevamente por el parlamento peruano o puede incorporarse sin mayores problemas.

Aunque el coordinador general del TLC con Estados Unidos en Perú, Eduardo Ferreyros, ha dicho que será una carta adjunta la que contendrá los reparos que exigen los congresistas estadounidenses para aprobar la iniciativa, aún no está definido este tema.

Sin embargo, el ex ministro de Comercio que condujo la negociación, Alfredo Ferrero, dijo la semana pasada que la aprobación de esta carta adjunta por el congreso peruano no tendría mayores tropiezos ya que actualmente el Gobierno tiene una coalición que le permite contar con las mayorías para sacar adelante la iniciativa.

Ferrero no desaprovechó la oportunidad para insistir en que en todo caso los cambios que pretenden hacer los estadounidenses buscan que la legislación peruana se adecúe a normas de la Organización Internacional del Trabajo “que ellos mismos no cumplen”, según dijo a los diarios.

En Perú el gobierno ha expresado su confianza de que la aprobación del TLC se dará antes de junio. De hecho, el ministro peruano David Lemor anunció ya que a partir de febrero su país intensificará su lobby en el Congreso de Estados Unidos con el fin de lograr que la iniciativa sea aprobada en este semestre.

A CONSULTAS Entre los textileros y confeccionistas, la expectativa es total frente al rumbo que el nuevo ministro de Comercio, Industria y Turismo, Luis Guillermo Plata, le dará a la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos tanto en el Congreso colombiano como en el del país del norte. Una reunión este miércoles en Medellín, será el escenario en el que los empresa- rios formularán directamente al ministro Plata sus inquietudes frente al tema, que van desde la definición de la agenda de trabajo sobre el tema, hasta las responsabilidades que en materia de lobby asumirá el sector privado y el público. Entre los dirigentes gremiales, que en su mayoría regresó apenas la semana pasada de las vacaciones de fin de año, existen temores frente a las declaraciones que han dado algunos congresistas de E.U.

a partir del 4 de enero, cuando tomaron posesión de sus curules.

"En el caso de los acuerdos que E.U. ya ha firmado pero aún no han sido aprobados por nuestro Congreso, creemos que estos ajustes pueden hacerse por medio de algún instrumento vinculante”