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Colombia: el país más feliz

21 de enero 2007 , 12:00 a.m.

…Y vimos madres que ahogaron a sus hijos para evitarles un destino aciago; y vimos estallar ciudades enteras; y gente mutilada; y vimos descuartizar hombres con motosierras y asesinos jugando al fútbol con las cabezas de las víctimas; y vimos niñas de 8 años embarazadas por sus parientes; y jóvenes saltando al vacío por su cuenta; y ejércitos enloquecidos arrasando poblaciones; y venenos que caían del cielo; y ancianos comiendo basuras en las calles frías; y políticos robando cientos de millones, que jamás serían juzgados; y vimos hordas de hinchas rabiando a cuchillo entre semejantes; y padres de la Iglesia Católica lascivos en el confesionario; y gente enloquecer de repente; y la autoridad humillando a los ciudadanos; y cómo desaparecieron a Jaime y a Julia y a Miguel; y una horda de niños autistas; y ríos perder sus aguas para siempre; y montañas desaparecer bajo palas mecánicas; y cómo seguíamos robando la tierra de los indígenas; y a muchos hombres perder el juicio por unos pesos; y padres y madres ofreciendo a sus hijos por un puñado de dólares; y niños trabajando en minas o armados hasta los dientes; y a muchos hombres llorando sin razón aparente; y madres de negro lamentando sus muertos; y vimos a chiquillos asesinando por una nevera; y cómo mataron a Juancho en todas las esquinas; y a Rosario la suicidaron.

... Y cadáveres bajando por los ríos; y poblaciones desaparecer bajo el estallido de la metralla, y bombardeos masivos; y un ejército de jóvenes metidos en la inhóspita selva a merced de mosquitos, culebras y tigres, en la mira de bombas, minas y fusiles; y vimos sonreír con cinismo a grandes mandatarios, mientras su pueblo se devana los sesos por la comida del día a día; y niños desmayados de hambre en las aulas de clases, mientras un maestro mal pago hace una exposición sobre los cuatro estómagos de las vacas, o explica la pertinencia de la ética; y vimos a los niños emberas contraer infecciones de ciudad en las ciudades, y suplicar pacíficamente por una tierra que les quitaron; y a la comunidad de los guahíbos viviendo muy mal por las llanuras de Arauca; y a nuestras mujeres oficiar de putas en el extranjero para pagar la hipoteca de la casa materna, y la escuela de los hermanitos; y vimos arrasar la selva por colonos embebidos de sueños millonarios; y vimos golpear mujeres por sus maridos borrachos; y una tropa de menesterosos en las calles pidiendo unos pesos para drogarse y no ver más, y no sentir más, y no ser humano más; y a Carlos que se fue para USA por falta de oportunidades; y a otros cerebros esfumándose en el exilio; y cómo amenazaron a Daniel y a Hollman y a Antonio por decir basta; y sicarios asesinando familias sin conocerlas; y cómo secuestraron a Andrés y a Margarita, y con ellos nos secuestraron a todos; y todos los días una manifestación de inconformismo, pero mucha gente diciendo que nadie se queja por estos lares; y vimos talar miles de árboles para sembrar vacas; y cómo se nos fue yendo la selva del Carare, y cómo se deshiela la Sierra Nevada; y vimos también niños viviendo en alcantarillas con sus deditos amarillos por fumar basuco, y sus pulmones quemados por el pegante; y vimos, claro que vimos, conductores pasándose los semáforos en rojo; y a un hombre colándose en la fila; y a muchos hombres morir a las puertas de un hospital. Y vimos sacrificar caballos para comer; y matar chigüiros de monte a palazos; y comerciar pieles de cocodrilo; y vimos comprar mujeres; y narcos con sus guardaespaldas en los restaurantes mostrando sin pudor su poder y sus armas a los comensales; y prisioneros hacinados en las cárceles; y vimos que ayer fue igual; y mañana no pregunte.

Y todo eso vimos.

Y no dijimos nada.

Porque somos el país más feliz del mundo.

Mientras tanto, en algún lugar del mundo, un extranjero nos mira y se pregunta, con cierta razón: ¿De qué se ríen esos desgraciados? cristianvalencia@yahoo.com