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España no tramita su nacionalización

¿Qué hay detrás de un nombre? Historias, datos, guiños, recuerdos. Y una ley. Detrás de los nombres en España está la ley 20 de 1994, que podría oponerse a que las colombianas Darling o Beliza se llamen como hasta ahora se han llamado.

20 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Darling ha sido Darling desde hace 33 años, cuando sus padres la bautizaron en Colombia. Y Beliza atiende cuando la llaman así, a pesar de que no supera los 9 meses.

Las dos tienen en común que pertenecen a familias colombianas y que los jueces de registro de España se niegan a tramitar sus documentos con los nombres elegidos por sus padres.

El caso de Darling recibió una carta en la que le anunciaban que se le concedía la nacionalidad española solicitada (puede tener también la colombiana), pero cuando fue a adelantar los trámites pertinentes en el Registro Civil le dijeron que su nombre no se ceñía a la legislación de España.

“La legislación del estado civil busca ante todo proteger a la persona”, explica el abogado colombiano Juan Manuel Campo Cabal, que es catedrático universitario en España.

“La ley 20 de 1994 no acepta nombres que puedan afectar la dignidad ni que puedan inducir a error respecto al sexo del individuo”, agrega.

Darling considera que su caso no se ajusta a esas condiciones y presentó recurso. “Tiene opciones de ganar porque las autoridades deben guiarse por el Convenio de Múnich de 1980 en relación con el estado civil, que trata de armonizar legislaciones para casos donde puede haber choque”, señala Campo Cabal.

Explica que, si en Colombia se aceptó su nombre, es muy posible que las autoridades españolas respeten la medida del país de origen.

De acuerdo con la ley anterior a la de 1994, que databa de 1977, no se admitían nombres en lengua extranjera (Elizabeth pasaba a ser Elisa o Isabel), pero la nueva legislación abolió esa prohibición, de manera que el hecho de que Darling sea una palabra en inglés no constituye un obstáculo.

El caso de Beliza Los padres de Beliza, que llevan cinco años en España, se sorprendieron cuando les dijeron que no podían nacionalizar a su pequeña con el nombre que habían escogido, porque no existe ni corresponde a ningún sexo.

Ellos, que ya recurrieron, intentan demostrar que sí existe y que es femenino. La propia abuela paterna se llama Beliza. Y, por si siguen las dudas, se han preparado y han encontrado algunas obras literarias que les pueden ser útiles: Las melindres de Belisa, de Lope de Vega y El amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, de Federico García Lorca. El cambio de la ese por la zeta es similar al de la princesa de Asturias, Letizia Ortiz.

“En este caso hay que tener en cuenta que si la niña nació en España, la legislación de este país puede tener más peso”, dice Campo Cabal. “De cualquier manera, las dos situaciones son recurribles y la Dirección General de Registros y Notariados, que depende del Ministerio de Justicia, es la entidad que decide”.

Quizá les anime saber a estas colombianas que, en aras de la armonía de culturas que proclama el Convenio de Múnich, los padres de un indígena colombiano que Campo Cabal recuerda con precisión decidieron rendir un homenaje al Papa León XXIII y le pusieron a su hijo Yuca Tigre XXVI.

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Otro tipo de prohibiciones.

Los diminutivos, y los compuestos por más de dos nombres simples.

Variantes familiares y coloquiales que no hayan alcanzado sustantividad y generen confusión respecto a la identificación (o en cuanto al sexo).

El mismo nombre de un hermano que esté vivo.

Si es la traducción usual a otra lengua.

EL FONDO DE LA LEY.

‘‘La legislación del estado civil busca ante todo proteger a la persona. La ley no acepta nombres que puedan afectar la dignidad”.

Juan Manuel Campo Cabal, abogado colombiano en España.